LA TRIBUNA ECONÓMICA

Rogelio / Velasco

Crisis y desigualdad

LA OCDE ha publicado esta semana un extenso trabajo sobre la situación actual y la evolución durante los últimos treinta años de la distribución de la renta entre la población en 22 de los 33 países occidentales más desarrollados.

El estudio de la distribución de la renta cuenta con una larga tradición como campo de investigación entre los economistas. No es difícil resaltar la importancia de conocer cómo está distribuida la renta entre los habitantes de un territorio porque contribuye a entender el acceso que los distintos estratos de población tienen a bienes y servicios básicos, tanto públicos como privados. Sirve también para entender la cohesión social en un país y las posibilidades, más amplias, de desarrollo profesional y vital de sus habitantes.

El mercado y el Estado, ambas instituciones con sus mecanismos de funcionamiento, explican por qué en unos países la renta está distribuida más igualitariamente y en otros está más concentrada.

Los resultados del estudio confirman una clara tendencia: entre mediados de la década de los 80 y los últimos años de la pasada, la desigualdad aumentó en 17 de los 22 países analizados. El sistema educativo, las políticas redistributivas y el funcionamiento del mercado de trabajo constituyen las variables fundamentales que explican la distribución de la renta.

El primero porque, sin un sistema educativo que satisfaga adecuadamente las demandas que el mercado y los gobiernos reclaman, las dificultades para incorporarse al mercado de trabajo son crecientes y también lo son las posibilidades de reciclaje profesional para aquellos que trabajan en sectores en declive. En particular, aparece como variable explicativa relevante la adaptación de la educación al cambio tecnológico. La tecnología ha cambiado profundamente las estructuras productivas de los países en los últimos 30 años. Además, su ritmo de cambio se ha acelerado. Éste es el escenario -muy exigente- con el que se enfrentan los sistemas educativos actuales.

Los crecientes gastos en sanidad y en pensiones no han sido suficientes para paliar la desigualdad. Los países occidentales se enfrentan a unos retos formidables para mantener, en términos reales, esos gastos y, al mismo tiempo, hacer sostenibles las finanzas públicas.

Por último, el crecimiento en el empleo -especialmente el femenino- explica en un 70% la mejora en la distribución de la renta en España en las últimas décadas. Al contrario de lo ocurrido en 17 países, en España la desigualdad se ha reducido en un 20% durante el periodo estudiado.

El análisis acaba en 2008. La brutal crisis que padecemos desde entonces -especialmente aquEllos que no tienen trabajo- arroja un sombrío panorama sobre la evolución actual y de los próximos años. Las restricciones en los recursos públicos, la globalización creciente de las economías -que reclama altos niveles de formación para competir- y la escasa creación de empleo, van a provocar un vuelco notable en la distribución de la renta en nuestro país, tanto a nivel personal -como analiza el estudio- como territorial. El triángulo Madrid-País Vasco-Navarra continuará aprovechando mejor la globalización que las restantes comunidades.

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