La tribuna económica

Rogelio / Velasco

Crisis económica y responsabilidad de la prensa

Alas 9 de la mañana del pasado día 25, se habían formado grandes colas en todas las oficinas del Bank of East Asia, en Hong Kong. Uno de los clientes que aguardaba afirmaba: "He oído de las dificultades del banco, pero hasta esta mañana que no he visto la larga cola en mi oficina, no he sido consciente de que algo debe andar mal".

Supuestos rumores sobre las dificultades que la entidad padecía -amplificados por sms- desataron el pánico entre los clientes. La retirada masiva de depósitos puso en grandes aprietos al banco. Sólo cuando las autoridades y el principal accionista (que se dedicó a comprar acciones del propio banco en bolsa) hicieron un llamamiento a la calma volvió la tranquilidad a los clientes, que desistieron de retirar dinero. Pero el banco pudo haber fácilmente quebrado si los mensajes tranquilizadores no hubiesen calado entre el público y hubiesen transcurrido sólo unos días.

La historia está repleta de casos de pánicos colectivos que han provocado la caída de muchas entidades financieras. Una de las características de los mercados financieros y de cambios es la rapidez con la que se transmite la información y aquéllos se ajustan. En el sector real, son más lentos. Puede haber crisis inmobiliaria, pero el precio de la vivienda no se desploma en dos días. Puede haber crisis en el sector manufacturero, pero no todas las empresas cierran inmediatamente. En el bancario y cambiario, la velocidad es mucho mayor.

La libra y la peseta cayeron en un solo día en 1992 un 20%. Los pasados meses, las colas que se formaron en el Northern Rock para retirar dinero obligaron al Gobierno inglés a nacionalizar la entidad. En la bolsa y en el mercado de cambios, es cuestión de minutos antes de que una entidad quede destrozada por las ventas masivas de títulos. Y el balance de un banco puede quedar irreparablemente dañado si en sólo unos días los clientes retiran sus fondos.

En los países occidentales, las entidades financieras no suelen tener más de un 5% de sus recursos en forma de dinero. La confianza que depositan sus clientes les permite prestar el resto. Pero si todos vamos en tropel a retirar nuestros ahorros, el banco quiebra porque no puede hacer líquido instantáneamente todos sus activos. Y como en pocos otros asuntos, la profecía se cumpliría a sí misma: si todos pensamos que algo va a ocurrir y actuamos en consecuencia, al final ocurre.

Por estos motivos resulta fundamental que, sin dejación de sus tareas informativas, todos los actores políticos y sociales transmitan confianza. En particular, la prensa juega un papel de primer orden. Y el pasado viernes, 3 de octubre, la portada de El Mundo afirmaba "Zapatero pide a Solbes informes diarios sobre la salud de la banca". Posiblemente sea cierto, pero la idea que transmite es de suspicacia, desconfianza sobre el sistema financiero español.

Mucha gente está expectante y pregunta qué hacer con sus ahorros en el banco: retirarlos, repartirlos en varios bancos... hablan de corralito. Éstos son momentos para la responsabilidad, y sería moralmente intolerable contribuir a la quiebra de una entidad financiera por informaciones que conduzcan al público a una irracionalidad colectiva.

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