La tribuna

Joaquín Moya-Angeler Cabrera

Crisis, innovación y oportunidades

LA economía global está atravesando una crisis a la que, como no podía ser de otra forma, España y Andalucía no han quedado ajenas. Tras años de fuertes crecimientos muy superiores a los de nuestros vecinos europeos, vivimos una etapa difícil en la que las empresas tendrán que poner a punto sus estrategias para capear el temporal y, si es posible, salir fortalecidas del mismo. En periodos como éstos surgen las grandes oportunidades y se producen muchos de los grandes saltos empresariales.

En contextos de crisis suele surgir en las empresas la tentación de aparcar o frenar la innovación, intentando centrarse en aquellas actividades que puedan aportarles ingresos más seguros. Sin embargo, poner a hibernar la innovación puede desembocar en que, al terminar este ciclo desfavorable, la empresa se haya quedado atrás respecto a los competidores que sí se hayan arriesgado a innovar.

La innovación debe ser un elemento central de la estrategia de negocio de cualquier compañía. Con más razón, en tiempos de crisis es necesario ser más atractivos que la competencia singularizando nuestra oferta, y para ello es necesario innovar, buscar ese "algo más" que pueda marcar la diferencia. No se trata de lanzarse a proyectos rebuscados o imposibles, sino de poner a funcionar al máximo la creatividad.

La desfavorable coyuntura económica en la que estamos va a producir una importante reestructuración en muchos sectores. La economía andaluza, y la española en su conjunto, necesitan cambiar su paradigma de crecimiento. Nuestro modelo ha estado demasiado centrado en la actividad inmobiliaria y la construcción, frente a una industria insuficientemente desarrollada. Sólo con un importante esfuerzo inversor e innovador lograremos superar la crisis y avanzar hacia un modelo económico de mayor valor añadido.

Sin embargo, no hay que llamarse a engaño: la posición competitiva e innovadora de una región o de un país no se cambia en un año. Del mismo modo que está costando un gran esfuerzo modificar la imagen exterior de Andalucía, muy vinculada a los tópicos y apenas asociada hasta hace poco a la capacidad empresarial y a la innovación, llevará también un tiempo cambiar nuestro modelo económico.

Pero no partimos de cero. Los pasos que se han dado en los últimos años hacen que el tejido empresarial andaluz esté hoy mucho más preparado para dar este salto. Empieza a detectarse una cultura innovadora importante, no sólo en el empresariado, sino en la sociedad andaluza en general. La vinculación del mundo científico con el empresarial, que está permitiendo llevar los resultados de la actividad investigadora al mercado, es uno de los paradigmas de este cambio.

Una muestra de ello es que desde Andalucía se están empezando a liderar grandes proyectos de I+D+I en áreas estratégicas. Por ejemplo, dentro de la cuarta convocatoria del programa CÉNIT del Ministerio de Ciencia e Innovación, recientemente aprobada, tres de los 14 proyectos a los que se ha dado luz verde son liderados por empresas andaluzas (Abengoa Solar, Telvent Interactiva y Puleva Biotech), todas ellas miembros de Corporación Tecnológica de Andalucía.

No hay duda de que las empresas que hayan incorporado la innovación dentro de sus estrategias de negocio estarán en una posición de mucha mayor fortaleza a la hora de afrontar esta difícil coyuntura económica. De hecho, la crisis va a permitir observar, en todos los sectores de actividad, qué empresas estaban innovando y generando riqueza y cuáles estaban simplemente sobreviviendo al día a día.

En el caso del sector inmobiliario y de la construcción, que está en el ojo del huracán de esta crisis, va a ser muy importante la forma en que las empresas sean capaces de afrontar el bache. Ya en los últimos años hemos visto cómo grandes constructoras se embarcaban en importantes proyectos de I+D+I o invertían en iniciativas industriales innovadoras, en campos como las energías renovables o las tecnologías de la información. Esta tendencia debe ir al alza, para que los importantes rendimientos obtenidos por este sector en épocas de bonanza reviertan en el desarrollo de actividades económicas de mayor valor añadido, que son, asimismo, las que pueden garantizar a largo plazo el sostenimiento de la actividad empresarial.

En definitiva, este es el mejor momento para que las empresas revisen sus estrategias y modelos de negocio y busquen nuevas oportunidades. La innovación no sólo les va a permitir mejorar sus procesos, lo que se traducirá en ahorro de tiempo y dinero, sino también adaptar sus productos y servicios a las nuevas necesidades. En épocas de crisis, hay poco que perder y mucho que ganar con la innovación.

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