La crónica económica

Joaquín Aurioles

Crisis, recesión y desaceleración

TÉCNICAMENTE la recesión se reconoce después de dos periodos consecutivos con crecimiento negativo. En Andalucía ha ocurrido con el empleo en la construcción, que se redujo en los dos últimos trimestres de 2007, por lo que si se acepta que el empleo refleja adecuadamente el nivel de actividad, podría hablarse de recesión en el sector. Lo normal sería, no obstante, utilizar el valor añadido (VAB), aunque en este caso nos encontramos con el problema de que las estadísticas tardan algo más en reflejar su evolución. Lo que sabemos, por el momento, es que durante el tercer trimestre de 2007 el VAB en la construcción andaluza creció un 3,8 por ciento, inferior al 4,6 del segundo trimestre y al 5 del primero, lo que significa que ha habido desaceleración en el crecimiento, pero sin que pueda llegar a hablarse de recesión. También sabemos que la inercia que arrastra a este sector tiende a retrasar el reflejo de sus tensiones en las estadísticas, por lo que habrá que esperar a los primeros datos de 2008 para tener un cuadro más ajustado de su situación en el que, según anticipan otros indicadores adelantados, es probable que se perciban los primeros síntomas de recesión.

Tampoco los datos de cierre estimados para 2007 permiten hablar de recesión ni en Andalucía ni en España. Para ésta última, las previsiones de crecimiento son superiores al 3,5 por ciento y para Andalucía algo inferiores, aunque en todo caso lo suficientemente elevadas como para descartar una situación de recesión. Otra cosa es que se aprecie un proceso de desaceleración, que se acentúa cuando se consideran los pronósticos para 2008, a pesar de que Funcas todavía mantiene que durante este año ambas podrían crecer por encima del 2,5 por ciento, que es una tasa compatible con una ligera creación de empleo e incluso con una situación de crisis.

Los diccionarios definen la crisis como "cambio importante en el desarrollo de un proceso que da lugar a una inestabilidad", o como "momento de ruptura en el funcionamiento de un sistema, un cambio cualitativo en sentido positivo o negativo". Como se puede advertir, el énfasis se pone en el cambio y, aunque se reconoce que pueden venir acompañados de costes de ajuste más o menos traumáticos, admiten la posibilidad de que sus consecuencias puedan ser, al menos parcialmente, positivas. La cuestión es que de la misma manera que el cuerpo humano se depura y elimina toxinas a través de la fiebre, el vómito o el dolor, la economía utiliza las crisis para forzar la sustitución de empresas y actividades maduras por otras más jóvenes y emergentes. El problema es que los costes del ajuste pueden ser muy elevados, especialmente cuando crisis y recesión se presentan juntas, por lo que a la política económica corresponde el papel del médico que receta medicamentos en forma de tipos de interés, impuestos, seguros de desempleo, etc. En cualquier caso, conviene no perder de vista que no siempre se justifica el pánico frente a las crisis económicas, como tampoco mirar para otro lado cuando se presentan, demorando injustificadamente la puesta en marcha de los mecanismos que nos permitan transitar por ella con el menor coste posible.

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