Visto y oído

Antonio / Sempere

Críticos

IMAGINEN que en las páginas dedicadas a la crónica taurina de este diario el firmante hablase de Rajoy y de Soraya. O que la firma invitada de la sección de Deportes reflexionara a propósito de Sarkozy. Imaginen que en el espacio dedicado a la crítica de cine no se aludiese a películas, y que en los tan prestigiosos como poco leídos suplementos dedicados a los libros, ocupando el espacio de la crítica de una nueva publicación el lector se encontrase reflexiones acerca de la eutanasia, o el ciclón de Birmania o un perfil biográfico del fallecido Calvo-Sotelo. Habría quejas. O como mínimo habría estupor y desconcierto. Esto pasa un día sí y otro también con los columnistas televisivos del diario El País, Enric González de lunes a viernes y Carlos Boyero los sábados y domingos. Nuestros temores se han cumplido. Cuando la columna se llamaba A la parrilla, mejor o peor, Molina Foix, Juan Cruz, Juan Cueto o las estupendas Fietta Jarque y Margarita Riviere hablaban de lo que pasa en el mundo y lo que pasa en la vida, de acuerdo, pero lo hacían apoyadas en la percha de cualquier programa o formato televisivo.

Boyero y González lo aparentaron sólo al principio. Vincularon sus disertaciones a algún titular vertido en los Telediarios, a alguna declaración vista y oída en los diarios de Patricia, a algún presentador o presentadora. Pero la cabra tira al monte. Y en lo que va de mes de mayo, Carlos Boyero y Enric González se creen Eduardo Haro-Tecglen, y pasan de hablar sobre la televisión y sus circunstancias. Tienen bula para escribir sobre lo que les venga en gana, y sus textos bien podrían estar ubicados en la sección de Opinión. Con lo que pierden, y mucho, las hemerotecas. En la cabecera de mayor tirada, la tele no tiene quien le escriba. Que vuelva A la parrilla.

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