cuchillo sin filo

Francisco Correal

Crónicas de un pueblo

EL sol polvoriento por lomas y llanuras. Es el campo andaluz que evoca Jacobo Cortines en su libro de memorias Este sol de la infancia, con préstamo machadiano en el título. El agro de Cortines, cultísimo vándalo, es la media geográfica y metafísica de las Andalucías jornalera y aristocrática que vi mezcladas, lomas y llanuras, en la fotografía de José Manuel Vidal: Cayetano Fitz-James Stuart, apellidos de película de Hitchcock, Diego Cañamero y Juan Manuel Sánchez Gordillo.

El encuentro en La Arroyuela, la finca del hijo de la duquesa de Alba, conde de Salvatierra, el contraste de afanes y pareceras, merecía una reedición de aquel disparate teatral de José Antonio Garmendia, La señorita cortijera y el aperaó, que se representó en garitos de renombre con dirección de Joaquín Arbide. El padre de Unamuno fue panadero. Se lo contaba a Pepe, mi panadero de cabecera, cuando le pedía dos piezas, una campesina y una andaluza, nomenclátor de harina y levadura que era la síntesis perfecta de ese encuentro inducido por el nuevo y sutil latifundismo, las audiencias televisivas.

Le gustan las ternas a Cayetano. El año pasado fue rey Gaspar en la Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla, en la que en dos ocasiones descabalgaron al rey Baltasar al que este año encarna Rafael Gordillo. En la foto de Vidal, el conde-duque (por Cayetana) de olivares compartía trono con los monarcas de Marinaleda y El Coronil, dos topónimos históricos de la lucha jornalera, asociados con las homilías de Diamantino García y las canciones de Carlos Cano. El conde se ha desdicho de alguna de sus afirmaciones y se ofreció en penitencia a versionar la murga del currelante.

El miércoles Luis del Olmo entrevistó a Cayetano cuando volvía en el AVE a Madrid. Cuarenta años después, el capitán radiofónico de la Ponferradina todavía utiliza para Protagonistas, un clásico de las ondas y los Ondas, la sintonía de la serie televisiva Crónicas de un pueblo que Carrero Blanco le encargó a Antonio Mercero para hacer pedagogía catódica del Fuero de los Españoles. Es la música que suena si uno se fija bien en la estampa del agropó, el conde de Salvatierra, para el que la trabaja, y los marqueses del pueblo. Sólo faltaba el cartero de la serie, el magnífico Jesús Guzmán, interrumpiendo el encuentro para darle a Cayetano un telegrama de la señora duquesa. El conde prometió visitar una cooperativa de Marinaleda, cuyo alcalde, como buen mesías, está a punto de cumplir la edad de Cristo en la Alcaldía. Ése sí que es un título nobiliario con todas las bendiciones del sufragio universal: marqués de Matarredonda, archiduque del Ojo de Gilena, caballero veinticuatro de los Polvorones de Estepa y gentilhombre de la Sierra Sur.

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