La ciudad y los días

Carlos Colón

Croquetas no, ¿porno sí?

ME sigo preguntando qué piensa esa San Jorja en lucha con el dragón machista llamada Bibiana Aído sobre el montaje de presentación del Goya honorífico concedido a Jesús Franco. Imágenes de mujeres sometidas y encadenadas, utilizadas como carnaza del porno disimulado o explícito, se sucedieron en la pantalla. Teniendo en cuenta que el Ministerio de la señora Aído ha mandado retirar anuncios cuyo supuesto carácter sexista y machista los hacía incompatibles con la publicidad institucional, como el de las croquetas de Puri que publicitaba Letras del Tesoro, cabe preguntarse qué piensa del Goya concedido al director de Vampyros lesbos, Aberraciones sexuales de una rubia caliente, Sexo caníbal o Colegialas violadas.

Hasta ahora han recibido el Goya de Honor los directores de fotografía Aguayo y Larraya; el director artístico Alarcón, los productores Piedra, Dibildos y Villalba; el guionista Azcona, los directores Mur Oti, Forqué, Picazo, Isasi Isasmendi, Bardem y Masó; las actrices Rafaela Aparicio e Imperio Argentina, y los actores Tony Leblanc, Rafael Alonso, Manuel Alexandre, Héctor Alterio, José Luis López Vázquez y Alfredo Landa.

Además de hacer notar que jamás se le ha concedido a un compositor, empezando por los históricos Bernaola o García Segura (ya fallecidos) y por el maestro García Abril, es evidente que se ha tendido a premiar a quienes, por dedicarse al cine popular, en su día no obtuvieron el reconocimiento que merecían. Es justo y simpático premiar a las víctimas de los prejuicios pedantes que afectan a la crítica cinematográfica. Pero de ello a conceder el Goya honorífico a Jesús Franco media un trecho: es el típico penduleo español; con añadidos de tontería posmoderna internacional.

De la pedantería que rechaza toda película que deba verse con su director para que la explique (como se decía en las calificaciones de la revista humorística Hermano Lobo) se ha pasado a premiar, siendo él mismo el primer sorprendido, a un director que ha rodado de todo, desde correcto cine comercial (las menos) a porno y gore, con divertido descaro y desahogadas maneras fílmicas bajo infinidad de seudónimos. Quienes siempre nos hemos divertido con el cine ínfimo, desde las series de Santos y Blue Demon a Jess Franco o Amando de Ossorio, incurriendo por ello en el desprecio de los preciosos ridículos, vemos con pasmo que ahora son canonizados por los mismos que antes los condenaron. Busquen en las Historias del Cine una línea sobre ellos: no la encontrarán. Aquello era injusto; esto es estúpido; y ambas posturas, igualmente pedantes y esnobs.

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