Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Cualquier tiempo futuro será mejor

ESPAÑA vive un momento de nostalgia tremendo: el personal piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es todo un síntoma que hayan vuelto Félix Rodríguez de la Fuente a TVE y Farmacia de Guardia a Antena 3. Se repone el programa El hombre y la tierra por el 30 aniversario de la muerte del naturalista que bailó con lobos mucho antes que Kevin Costner. A Hollywood no sólo le gusta hacer películas originales como esa. La industria americana del cine adora el revival. Un buen ejemplo es Psicosis, de Alfred Hitchcock, que cumple este año medio siglo y tuvo hace tiempo una continuación. La música de su banda sonora se escuchó el otro día, como oportuno politono de un móvil, durante unas declaraciones de Zapatero a la prensa. Todo un síntoma. El presidente también cumple este año los 50 años, dicho sea de paso. Pero en su caso, no parece fácil fabricarle una continuación.

La fórmula de hacer secuelas de grandes éxitos cinematográficos es muy del gusto americano: Van a rodar la quinta de la serie Indiana Jones, Terminator ya va por la cuarta parte, Los Cazafantasmas por la tercera y Karate kid por la quinta. En España hacemos TV movies ligeritos para la televisión. Algunos mediocres, como el dedicado recientemente a Suárez. Y otros menos arriesgados como la película que anoche dieron en A3, interpretada por Carlos Larrañaga, Álvaro de Luna, Emma Ozores y Concha Cuetos, de guardia en su farmacia quince años después. Sea como fuere, no sólo hay nostalgia de los tiempos en los que vivíamos como nos gustaba, pero sin el dinero para pagarlo. Es que tampoco hay mucha imaginación creativa y se acude a los clásicos. Sin ir más lejos, Nine, por la que está nominada Penélope Cruz por tercera vez para un Oscar, es una secuela de Fellini 8 y medio.

Lo peor del asunto es su parte menos cultural. En economía también nos gustaría volver atrás, cuando las casas valían el doble cada cuatro o cinco años, nos endeudábamos hasta las cejas alegremente, las empresas se apalancaban, el Estado sólo debía el 30% del PIB y las entidades financieras acudían a los mercados internacionales como los reyes del casino. Tiempos felices que volverán, pero no antes de diez años, según opinión generalizada. Para entonces se supone que habremos aprendido la lección y a lo mejor ya no seremos tan aficionados a comprar casas entrampándonos de por vida, las familias ahorrarán, las empresas harán inversiones menos especulativas, el Gobierno será más juicioso y las entidades financieras más solventes. No es el guión de una película amable para emitir por televisión en Navidades. Es otra verdad de Perogrullo: tal y como están las cosas, cualquier tiempo futuro será mejor. ¡Anímense!

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