El balcón

Ignacio / Martínez

Cuarenta años no es nada

CUANDO era joven y oía hablar de los 40 años de dictadura, me parecía que Franco había sido eterno. Cuarenta años era algo inconmensurable. Pues resulta que dentro de dos, se cumplen 40 de la muerte del dictador. Justamente cuando tocan las próximas elecciones generales. Y estamos en vísperas de semejante aniversario con lo puesto. Lo dijo, con otras palabras, Rubalcaba el jueves por la noche en TVE. Esta crisis institucional tiene dimensiones apocalípticas, que es vocablo de ecos bíblicos.

Los dos grandes partidos comparten un merecido descrédito. Oír a González Pons que las cuentas del PP son impecables ya no produce indignación, sino hilaridad. Escuchar, para justificar cualquier chapuza propia, las letanías escolares contra los populares de Susana Díaz, la gran esperanza blanca del griñanismo, genera cansancio. La Corona soporta una erosión impensable hace pocos años. Los jóvenes dan por amortizados los servicios prestados por el Rey al país. Las andanzas del yerno, los negocios de los testaferros y las cuentas de la herencia en Suiza completan un feo cuadro. Aquí no se libra ni Dios. La penuria sobrevenida a tantas familias que viven hoy mucho peor que hace nada va a dejar secuelas en todo lo que suena a oficial. Patronal y sindicatos van en el paquete. Jueces y periodistas también.

El favor del público se ha puesto de parte de los desahuciados, de los estafados por las preferentes. Y los movimientos que se han autoatribuido su representación han tenido un gran éxito: han colocado la causa de los desesperados en la primera línea. Con independencia de que un servidor está en contra del acoso en cualquiera de sus formas, hay que advertir a la desacreditada clase política que muchos españoles están más dispuestos a creerse lo que les diga Ada Colau que las ocurrencias de los Pons, Díaz, Rubalcabas o Zoidos. Es más, no es descartable que la caída en picado de populares y socialistas la aproveche una propuesta populista de esta gente, que se plante en el Congreso con un puñado de diputados.

Total, si en este país los periodos históricos modernos se miden en tramos de cuarenta años, que es lo que va de la pérdida de Cuba y Filipinas a la guerra civil, tenemos un par de ellos para diseñar cómo van a ser los próximos 40. Estamos en pleno periodo constituyente, se modifique o no la Constitución. Aunque la situación puede durar una eternidad y hasta pudrirse. En Italia cayó la primera República a principios de los 90 y veinte años después no ha llegado la segunda...

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios