Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Cucos

ESTE domingo Jordi Évole y sus polemistas, Iglesias y Rivera, apelaban al espíritu del Tío Cuco como si fuera la Declaración de los Derechos Humanos. Un espíritu utópico, un paisaje rousseniano y una fecha lejana, como si estuviéramos hablando de otro tiempo imposible de asir. Este Salvados nacía frío y hosco, sin la sorpresa sugerente de aquel primer viaje de incógnito.

De aquellas servilletas y vasitos de café de El Tío Cuco, bar del proletariado y precariado del Nou Barris barcelonés, no han pasado ni nueve meses y es como si la ingenuidad y esperanza de los llamados "partidos emergentes" se hubieran desvanecido en unas semanas de negociaciones amuralladas y sesiones romas en el Congreso de los Diputados. Como si los asesores de imagen, las estadísticas y las expectativas capadas nos hubieran desencantado a todos. Todos nos hemos desvirgado de aquella ilusión blanca del Tío Cuco, de la esperanza de nuevos tiempos, de que otro futuro podía ser posible, desenfadado como un escaño sin corbata; descarado como la idea nacida de una asamblea. Pablo ya se pone la corbata informal. Tras Albert se sigue filtrando la camisa nueva y celeste de Suárez.

Bah, si algo distinto escenificaron Iglesias y Rivera en el ático madrileño (alejados de la gente, en las alturas, mirando desde lo alto, qué puesta en escena tan desafortunada) fue que también son pura casta para debatir: pocas ganas de solucionar y mucho esfuerzo por reprochar y culpar al otro de lo que no se ha sabido encarar. El de Podemos llega muy crecidito, aupado en sus unanimidades y auxiliado para no disimular sus ansias infinitas para tocar poder; y el de Ciudadanos parece tocado aún por el discreto resultado electoral de diciembre e impotente por un pacto inútil que sólo le ha desgastado.

Nadie va a votar ni a cambiar el voto por este Salvados tedioso, feo, reiterativo, impropio de las mejores noches de Évole; pero sí viene a anunciarnos que se nos presenta una campaña plomiza, con cosas muy escuchadas y asuntos muy oídos. Un entorno seco y a contraluz.

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