el prisma

Javier Gómez

Cuentas, cunetas y alces

ESTA semana me invitaron a un curso de conducción organizado por una marca alemana con la idea de probar esos acrónimos que tanto han mejorado la seguridad al volante. La idea de ellos, ilusos, era vender coches que cuestan un dineral y que cada vez se alejan más de la clase media española en peligro de extinción. Antes de dejarnos los deportivos en un circuito en el que pisaríamos a tope el freno, pegaríamos el volantazo de la prueba del alce -ese imprevisto que se cruza en la carretera-, y derraparíamos en una curva cerrada con agua, los instructores ofrecieron una clase teórica. Y de todas las nociones básicas de seguridad, resulta que la fundamental tiene mucho de psicología. "Cuando tenemos un problema en la carretera, siempre nos fijamos en el único pino que hay en el campo o nos obsesionamos con el guardarraíles. Es la forma más segura de acabar estampados contra él. Lo que hay que hacer siempre es buscar la salida, mirar hacia dónde queremos llevar el coche. Con eso gran parte del problema está resuelto". Las palabras del profesor, y el poder del subconsciente, se demostrarían después en la pista.

Seguro que es mucho más complicado, y muchísimo menos divertido, elaborar un presupuesto. Pero revisando las cuentas de la Junta de Andalucía para 2013, como anteriormente hiciéramos con las del Gobierno central, uno no puede dejar de preguntarse si el piloto está mirando la salida del problema o se ha obsesionado con la cuneta. Que vamos hacia ella es la sensación que dejaron tanto las ruedas de prensa provinciales, como la central de la consejera Martínez Aguayo, como el powerpoint disponible en la web. Sobran las excusas y las culpas al resto del mundo, al alce, y falta información. Como siempre. Las cuentas andaluzas nunca han sido un dechado de transparencia, sino de maquillaje, un ejercicio de malabarismo contable con menos crédito que la próxima empresa de la familia Ruiz-Mateos. Intenten encontrar las partidas de cada proyecto. Con todo, lo importante en un presupuesto, como en una carrera, es cómo se acaba. Así que sería conveniente que en cada presentación presupuestaria, en lugar de perder tanto tiempo culpando a Rajoy, Merkel, Draghi, Lehman Brothers y al cha-cha-chá, se emplearan unos minutos en hablar del cumplimiento del presupuesto en vigor. Sólo por saber la credibilidad del siguiente, oiga.

¿De qué vale tanto alarde de responsabilidad y compromiso con la creación de empleo si la Junta se ha financiado los últimos años a costa de sus proveedores, si ha machacado a cientos de empresas con sus impagos? ¿A cuento de qué presumir de gasto social cuando tantas ONG que sostienen parte de nuestro Estado de bienestar las están pasando canutas porque no llegan las ayudas comprometidas? ¿Cómo se saca pecho de que aquí no se cierran hospitales cuando sí se cierran camas y no se abren los centros terminados?¿Para qué la autonomía si luego no tenemos nunca responsabilidad de los problemas?

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