Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Cuestionando la buena pesca

Según ciertas versiones sobre lo del Bernabéu no sabe uno quién iba de errático y quién hizo de ordenado

CONTINÚA el monólogo del Barça, nadie duda de que la Liga tiene un favorito con cara de dueño, pero la Liga tiene otras prebendas y de las más apetitosas, una apunta al Sevilla. Se decía en la víspera que el equipo de Jiménez acudía a una cita con aspecto de banco con abundante pesca. El Realísimo no es lo que era, se mueve a impulsos cardiacos, da la sensación de errático y tiene a la épica como único argumento. Y, claro, la épica debe ser sólo recurso y no el hilo conductor para una conducta que estuvo a punto de darle sus frutos, pero que no fue tal para bien de un Sevilla tan ordenado como efectivo.

O sea que las cosas fueron como fueron, casi como se presumían, aunque al día siguiente se desayunase uno con historias tan para no dormir como la de que ese mal árbitro que es Bernardino González Vázquez había sido el único ejecutor del otrora Realísimo. Lo cierto es que el Sevilla de ese Jiménez tan guadianescamente cuestionado encontró un buen banco de pesca y se lo adueñó. Ahora ya está otra vez en territorio Champions, ocupa el sitio que exhibía su rival de antier noche y tiene al Villarreal, el segundo de la Liga, a sólo dos puntos de distancia. Y es que del Barça abajo, ninguno, pero después se halla este Sevilla tan increíblemente cuestionado.

Y en la otra acera, ese Betis que no termina de despegar y que no logra hacer de su rodeo un fortín mínimamente inexpugnable. Juega bien, tiene cierta pegada, se hace atractivo a la vista, pero es vulnerable, demasiado vulnerable para aparentar algo de fiabilidad. El Espanyol, que no es gran cosa, volvió a salir por su pie de Heliópolis. Un curso más, y van, los periquitos constataron que si jugase toda la Liga en el campo del Betis, el título lo tendría casi asegurado. El sistema defensivo volvió a ser la asignatura no aprobada por este Betis y la jornada decimocuarta reafirmaba su vulnerabilidad a la misma vez que del Barça abajo, ninguno; no tiene interlocutor.

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