El balcón

Ignacio / Martínez

Culto al líder

RESULTA chocante contemplar el paroxismo del culto a la personalidad en Podemos con su líder. Es lo nunca visto. Supera a Mao y a Fidel. Habrá que buscar alguna definición que supere al Gran timonel y al Líder máximo. Ni González en el PSOE ni Aznar en el PP llegaron a la arrogancia de Pablo Iglesias. La puesta en escena de su candidatura particular para las primarias plebiscitarias que ha convocado en su partido también choca. El mecanismo inventado le permitirá en la práctica decidir los candidatos por Andalucía. Por cierto, también en Ciudadanos han hecho una convocatoria de primarias peculiar y escasamente transparente. Ese campo está inédito en la política nacional y los nuevos partidos no están aportando más que peripecias escénicas.

La presidenta andaluza llegó al poder en la Junta con un amago de primarias tras un dedazo de su antecesor. Nadie ha desafiado a Pedro Sánchez en las primarias socialistas. Garzón se quedó solo en las de IU. Y al PP le dan grima estas cosas. En España está por inventarse un método individual, transparente, directo, de elección de candidatos por los simpatizantes. Podemos no lo aporta. Pablo Iglesias impondrá candidatos a las regiones y hará excepciones en las comunidades históricas. En esto su formación sigue la senda de la Constitución del 78 que tanto denigra.

Iglesias se permite hablar de las miserias e incapacidades de los viejos izquierdistas, a quienes en el fondo acusa de defender sus ideales. Terminaba un reciente artículo en El País con una frase oportunista: "No nos situaremos en terrenos que nos alejen de una mayoría popular que no es 'de izquierdas' (como quizá nos gustaría) pero que quiere el cambio". O sea, renunciamos a unos principios que son los nuestros (lo que "nos gustaría") porque lo importante es ganar, aprovechando la frustración de los ciudadanos y su empobrecimiento. Los izquierdistas que han sido sus camaradas hasta hace poco son unos chantajistas y unos cenizos que no han hecho nada en 25 años. ¡Bravo!

La falta de respeto a los demás es una constante de este grupo que tanto auge electoral ha conseguido hasta ahora. Su estrategia de concentrar su mensaje en desahucios, corrupción y desigualdad ha sido un éxito. Su táctica descalificatoria de que todo lo que no sean ellos es la casta, ha funcionado. (Igual de bien que le funcionó al viejo Le Pen en los 80 su cantinela contra 'la banda de los cuatro', que era todo el arco parlamentario francés: gaullistas, centristas, socialistas y comunistas). Es un déjà vu. Felicidades. Pero por favor que no nos castigue con tanto envanecimiento personal.

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