Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Curas sin complejo

EL patio de la Montería del Real Alcázar de Sevilla estaba lleno de curas. Los que no pertenecíamos al clero éramos minoría, aunque concibamos nuestro oficio como un sacerdocio sin celibato. De paisano, los raros éramos los demás. No pude por menos que asociar la escena con el título de un grupo musical. La semana pasada, en la caseta ferial de El Coronil, denominada Centro Obrero, actuaban los grupos Complejo de Kura y Molestando a los vecinos. En el Alcázar tuve ocasión de conocer a unos cuantos curas sin complejo.

Se habían reunido para asistir a la decimonovena edición del Simposio de Historia de la Iglesia en España y América, dedicada en esta ocasión al tema La iglesia en tiempos difíciles (1936-1939). El primer simposio tras la muerte de su impulsor, el sacerdote y americanista Paulino Castañeda, que fue comisario del demolido pabellón del Vaticano en la Expo 92. Faltó el titular de la diócesis, porque el cardenal Carlos Amigo Vallejo se encontraba en Roma en una recepción con Benedicto XVI. Le informaron del rigor de las ponencias sobre un periodo tan complejo como la guerra civil. "En los temas difíciles, el peligro está en los aficionados", diría días más tarde.

En el Alcázar tuve ocasión de conocer a unos cuantos curas sin complejo. Gente corriente. El joven clérigo que le contaba a otros comensales en el intermedio gastronómico el trabajo que le costó prescindir de la adicción del paquete y medio de cigarrillos. El vicario al que un buen amigo le ha prometido días de lectura apasionante regalándole la novela Suite Francesa, de Irene Nemirovski. El sacerdote de vocación tardía cuyo nombre, Pedro Rodríguez Mariño, figura en sus titulaciones como doctor en Arquitectura y en Filosofía, nieto del arquitecto coruñés que hizo el Ayuntamiento de la ciudad donde estudió en su infancia Pablo Picasso, cura que colgó los hábitos de los planos para ejercer el sacerdocio en Cádiz. Curas como Antonio Montero, que el próximo 25 de agosto cumple 80 años en perfecto estado de revista. Malagueño de Churriana, donde entre sus aventuras infantiles recuerda una carta a la Academia para que le cambiaran el nombre a su pueblo. Es el mitrado de los periodistas, fue obispo auxiliar de Bueno Monreal en Sevilla (1969-1981) y ahora ocupa la diócesis de Mérida-Badajoz.

En un escenario que habitualmente ocupa el Aula de la Memoria Histórica, recordaron un conflicto que se saldó con el asesinato de trece obispos, con una persecución religiosa superior a la que ejercieron los romanos y un expolio artístico que dejó en pañales la rapiña napoleónica. Se dijeran muchas cosas. No se pronunció la palabra Gobierno. Sin ánimo de revancha. No eran aficionados. Sólo curas sin complejo.

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