Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Debatir

Aqué estaría usted dispuesto por tener, o conservar, un puesto de trabajo? Esa era la cuestión. Pero la pregunta en realidad era esta: ¿A qué está dispuesta Telecinco para tener de nuevo anunciantes en la noche del sábado? Pues Telecinco estaba dispuesta a sacrificar a medias La Noria y aparentar una renovación con cara de implicación social para esa noche de escandaleras donde la madre del exculpado El Cuco y las redes sociales metieron un tajo a la imagen de la cadena.

De ese revuelto de maquillaje ha nacido El gran debate. Loable esfuerzo, que conste. Con Jordi González "con ganas de dialogar": las ganas que le faltaron en twitter cuando se puso farruco con la vecindad virtual. Y Sandra Barneda de gesticulante escudera. Este debate-espectáculo luce en su cabecera una sintonía tipo Michael Nyman, para que ratificar que aunque no estamos ante 59 segundos ya no nos encontramos frente a La noria, sino en un programa que presume de ser serio sin renunciar a los aplausos a porrillo. Aplausos para cualquier cosa que se diga.

El paro, la preocupación de todos nosotros, fue la primera entrega de este Moros y cristianos con compostura (y vistos los índices de audiencia, a ver cuánto tiempo aguantan en esa actitud), donde se provocaban políticos y contertulios cañeros de sesgo diverso como Ignacio Escolar, Carmen Tomás o Antonio Miguel Carmona, pero sin llegar a la sangre. En esta relación no entra la noriafílica María Antonia Iglesias. Andalucía apareció con el pueblo de más paro, La Granada de Riotinto, y el de más ocupados, la Marinaleda de Gordillo, quien no quiso comparecer. Se habló de la "chinificación", buen término, del trabajo en España y de la economía sumergida, nuestra riqueza de pies de barro. Después, con pocos anuncios, regresó La noria, con Arancha de Benito, ex de Guti. Y con Jordi sin irse, todo volvió a girar como siempre.

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