La tribuna

antonio Montero Alcaide

Deberes escolares y clases al revés

AUNQUE la incertidumbre electoral del final del curso y el político objeto de deseo de la educación acaparan el debate, algunos asuntos, puede que relativamente menores, se han hecho hueco entre campaña y campaña. El de los deberes escolares es uno de ellos y la controversia aparece tras la queja de las familias por el tiempo y la dedicación que requiere completar la crecida encomienda de tareas para casa. Cuestión en la que confluyen, como en casi todas las dialécticas educativas, muchas circunstancias o consideraciones.

Sin que el orden en que se expongan conlleve prioridad o mayor grado de importancia, una de ellas es la complejidad, tal vez mejor el abigarramiento, del currículo de las enseñanzas. Las reformas educativas son momento a propósito para estimar cuál es el conocimiento relevante -no entremos ahora en la naturaleza de las competencias educativas, aunque se relacionen con ello- que debe formar parte del currículo formal del sistema educativo; sobre todo, en la educación obligatoria. Sin embargo, no se discierne bien -todavía peor, no se acuerda y comparte- qué conocimientos son básicos, imprescindibles y, por esto mismo, incuestionables, y qué otros pueden quedar en segundo término o como deseables, en función de la diversidad de enfoques, entendimientos y opciones a veces contrapuestos. Situación que suele resolverse con el "encaje curricular" de todo un conjunto de problemas sociales para los que la escuela aparece como panacea universal y casi exclusiva. Incrementados a la vez que diversificados los objetivos y los contenidos de las áreas o materias escolares, el tiempo para enseñarlos y aprenderlos también se acrecienta sin que la jornada escolar pueda dar mucha más cabida. De ahí que, cuando se pasa revista a las características de los centros educativos que logran buenos resultados, la intensificación del tiempo de aprendizaje en las sesiones de clase resulte un factor destacado. Luego determinar, convenir y acordar los conocimientos básicos imprescindibles es una tarea principal en la ordenación del currículo. Y desarrollar procesos de enseñanza que intensifiquen las oportunidades de aprendizaje en las aulas no le queda a la zaga para, entre otras cosas, ajustar la naturaleza y el alcance de los deberes escolares.

Por otra parte, en esto último tiene que ver otro asunto destacado: las fronteras abiertas, y permeables, entre los espacios y los tiempos escolares y extraescolares. Es más, tiende a superarse tal dualidad considerando espacios y tiempos educativos. Sin embargo, proliferan actividades extraescolares, fuera de la jornada escolar, cuya oferta puede ser analizada desde diversas perspectivas: la insuficiencia de los tiempos escolares para actividades o contenidos a los que se atribuye relevancia personal o social, la desigualdad en el acceso o la financiación de las mismas, la ocupación del tiempo fuera de la jornada escolar cuando los hijos no pueden ser atendidos en un entorno familiar. Sea como fuere, actividades extraescolares y deberes llegan a ocupar las tardes de una manera extenuante para los alumnos y agotadora para sus padres; condiciones en modo alguno propicias ni favorables.

Ayudar en los deberes y tareas escolares para casa requiere no sólo de la formación y el conocimiento de los padres, aspecto mayor, sino asimismo de la conjunción con las formas, se diría los métodos, de enseñanza usados por los docentes en las aulas. Sirva de ejemplo, por básico que parezca, la dificultad para enseñar el procedimiento aritmético de la resta con llevada. Y, volviendo a la formación de los padres, no ha de olvidarse una conclusión reiterada en las evaluaciones escolares externas: es el nivel de estudios de la madre, en mayor medida que el del padre, el que predice las posibilidades de éxito escolar de los alumnos; sin que resulte difícil advertir, entre las razones que lo explican, el mayor tiempo y dedicación que prestan las madres a los hijos.

Finalmente, concita interés una innovación didáctica, por decirlo en corto aunque resulte bastante más, que alude al desarrollo de las clases al revés, a las aulas invertidas o flipped classroom. Se trata, en tal caso, de establecer la "instrucción" fuera del aula, mediante grabaciones o presentaciones de los profesores que los alumnos atienden individualmente en casa, internet mediante, fuera del tiempo escolar, para que las sesiones de clase se ocupen con la resolución de problemas y la adquisición de aprendizajes más significativos y aplicados. Otros deberes, entonces, pero sin necesidad de tanta ayuda familiar, y con el fin de reservar el tiempo escolar para las interacciones docentes más efectivas.

Del derecho o del revés, los deberes escolares ponen es cuestión elementos sustantivos de la enseñanza y del aprendizaje.

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