LAS operaciones de búsqueda del cuerpo de la joven sevillana Marta del Castillo, desaparecida hace tres meses, en el vertedero de basuras de Alcalá de Guadaíra, concluyeron en la tarde de ayer sin resultados. Igual ocurrió con la búsqueda que, con gran despliegue de medios, se realizó en el río Guadalquivir. Ambas operaciones fueron activadas por orden del juez instructor del caso a raíz de las declaraciones contradictorias del presunto asesino de la muchacha, Miguel Carcaño, que ofreció las dos versiones acerca del destino que él y sus cómplices habrían dado al cuerpo de Marta del Castillo, una vez cometido el crimen. Las dos versiones también diferían acerca de la autoría y las circunstancias en que se produjo la muerte. Tres meses después volvemos al punto de partida, sin que los investigadores policiales hayan sido capaces de conseguir con los métodos legales a su alcance que los imputados digan la verdad completa acerca del trágico suceso que ha conmovido a la opinión pública. El padre de la desaparecida, Antonio del Castillo, que ha demostrado a lo largo de este tiempo una aguda intuición sobre lo sucedido, declaró que "sabía que no la encontrarían" y que "seguir buscando es una pérdida de tiempo, tanto en el río como en el vertedero". Es asombrosamente triste que tras muchas semanas de haberse obtenido la confesión del supuesto autor del crimen y decretarse la prisión incondicional de él mismo, su hermano, su amigo Samuel y el menor apodado El Cuco (en un centro de menores), no sea posible todavía el esclarecimiento total del asesinato y el hallazgo del cuerpo de Marta, a fin de que su familia pueda cerrar psicológicamente el duelo que les aflige y disponer de la seguridad de que los culpables están identificados y a disposición del tribunal que habrá de juzgarlos. La sociedad en su conjunto no puede dejar de vivir sin alarma e indignación una situación tan lamentable, en la que un grupo de delincuentes parece estar burlándose de ella y, en particular, de una familia transida de dolor porque le han arrebatado cruelmente a una de sus miembros, sin que la investigación policial y la actuación de la Justicia concluya con éxito una labor que se torna perentoria e imprescindible. No hay derecho a que pase lo que está pasando.

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