Crónica personal

Pilar Cernuda

Dejen los muertos en paz

NI siquiera en los últimos minutos de ejercicio del poder dejan los socialistas sus ansias de retomar las grandes polémicas del pasado, volver a las dos Españas, confrontar a unos con otros y  recordar los aspectos más negros y trágicos de nuestra historia.

El empeño del zapaterismo en destruir el espíritu de la Transición al que tanto aportó Felipe González, aparte del empeño del zapaterismo de abrir las heridas que cerró Felipe González, es algo incomprensible, y que personas sensatas como Ramón Jáuregui, al que falta un cuarto de hora para dejar el Gobierno, utilice un lenguaje  trasnochado y antiguo para tratar de justificar lo injustificable, es algo que en este tramo final de su mandato  confirma la idea de que Zapatero ha sido un mal gobernante  y ha fallado estrepitosamente en lo esencial -nos ha dejado en la miseria y con los servicios sociales tambaleantes a pesar de que no se los quitaba de la boca- mientras se dedicaba a tomar iniciativas que  han provocado una profunda escisión en la ciudadanía.

La Ley de Memoria Histórica  encabeza la lista de los proyectos más nocivos  de Zapatero. Decían sus seguidores que existía una deuda pendiente con aquellos que nada sabían de sus muertos, pero ya había leyes que permitían, autorizaban e impulsaban las investigaciones sobre  los muertos de la Guerra Civil, como saben los miles de españoles que pudieron localizar a sus deudos. Esa ley de Zapatero iba además muy lejos en las cuestiones de libertad individual, ya que impedía que se respetara el derecho de las familias  que  se negaban a las exhumaciones  porque -ellos sí- habían pasado página definitivamente a una guerra civil que ha sido una tragedia para toda España, tanto la de un lado como la del otro. Que otra de las cuestiones rechazables de la Ley de Memoria Histórica, por cierto,  es que no veía más muertos  que los del bando republicano.

Antes de poner punto final al periplo socialista, la Comisión que analiza el futuro del Valle de los Caídos ha enviado un informe al Gobierno en el que con el voto en contra de tres de sus miembros se pronuncia a favor de que Franco sea desalojado del Valle porque no ha es un caído de la guerra. Que dejen a Franco en paz,  que murió hace casi cuarenta años y hoy no es mal que un mal recuerdo. Que de nuevo nos vengan los socialistas con este tipo de propuestas cuando España está como está, desesperadamente mal, es absolutamente irritante. Cuando  el futuro es tan negro entre otras razones porque se ha gobernado  en el permanente desacierto, es de una irresponsabilidad mayúscula mirar hacia atrás, y hacerlo además para sacar a la palestra un asunto que ha dejado heridas muy profundas. Heridas  que habían dejado de doler con el paso del tiempo,  aunque  aún no habían sanado.

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