la ciudad y los días

Carlos Colón

Dentro de mis sueños

QUIERO imaginarme que cuando la vida de Celeste Holm se extinguía en su apartamento de Nueva York el pasado domingo, en esa misteriosa travesía de la memoria a la deriva por el mar de los recuerdos, la anciana de 95 años oyó los aplausos que atronaron durante muchos minutos el St. James Theatre de Nueva York el 31 de marzo de 1943; y las melodías de Oh What a Beautiful Morning,Out of my Dreams, People Will Say We're in Love o la I Cain't Say No que ella cantó por primera vez en la noche histórica de 1943.

Que aquella noche fue histórica no es exageración de necrológica. Porque la obra que, junto a Alfred Drake, Joan Roberts, Howard Da Silva y Betty Garde, Celeste Holm estrenó hace casi 70 años era Oklahoma! de Rodgers y Hammerstein. El temido Brooks Atkinson escribió en el New York Times tras el estreno: "Desde que se oyó Oh What a Beautiful Morning [el número que abría la obra] supimos que había cambiado la historia del musical". Y Atkinson -que encumbró o derribó obras entre 1925 y 1960- sabía lo que se decía. El público coincidió con él: Oklahoma estuvo en cartel cinco años, sumó 2.243 representaciones -batiendo un récord sólo superado por My Fair Lady- e hizo una gira especial por las bases americanas de Europa, África y el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial para animar a las tropas, siendo vista por más de 20 millones de espectadores.

Un éxito justo. La música era de Richard Rodgers, uno de los reyes del gran Broadway en el que competía con Kern, Gershwin, Porter o Berlin desde que estrenó A Connecticut Yankee en 1927. El libreto era de Oscar Hammerstein, otro rey de Broadway desde que firmó ese mismo año el libreto de Show Boat. La dirección escénica era de Rouben Mamoulian, quien además de triunfar en Hollywood lo hizo en Broadway desde que -también en 1927: el año mágico que une a compositor, libretista y director- dirigió el estreno de Porgy and Bess de Gershwin. La novedad de Oklahoma! fue unir acción dramática y música perfeccionando la senda abierta por Show Boat.

Celeste Holm era penúltima superviviente, junto a Joan Roberts, de aquella fabulosa noche que cambió la historia del musical. Tuvo una gran carrera cinematográfica -La barrera invisible (que le valió un Oscar), Nido de víboras, Eva al desnudo o Alta sociedad- y una aún mejor carrera teatral -porque, decía, Broadway le daba mejores papeles que Hollywood- e interpretó decenas de telefilmes. Pero al despedirla he querido evocar a la joven de 26 años que conquistó Broadway con Oklahoma!. Suene una de sus canciones como su amable réquiem: "Out of my dreams and into your arms I long to fly…".

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