La esquina

josé / aguilar

Dependiendo de los dependientes

LEJANO queda el tiempo en el que las familias andaluzas podían ayudar a sus miembros de mayor edad, completando sus exiguas pensiones y compensándoles por sus sacrificios cuando dejaban de ser económicamente productivos y se adentraban en la oscura galería de la soledad y el desvalimiento. Los dependientes de su familia se han convertido en el sostén de la misma.

Según un informe encargado por la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados del que se hizo eco el periódico Abc, el porcentaje de personas mayores que ayudan económicamente a sus familias se ha multiplicado casi por cuatro en estos años de crisis. Ayudan aportando a la bolsa común parte de sus pensiones de jubilación, gracias a las cuales sus hijos y nietos pueden pagar las facturas, hacer frente a la hipoteca o, sencillamente, cubrir sus necesidades básicas, incluso de alimentación.

Como cabía esperar, el informe desvela que Andalucía es, de todas las comunidades autónomas analizadas (que integran a la mitad de la población española), la región, después de Galicia, en la que más se ha extendido este fenómeno sociológico de la España de la crisis. Y cabía esperarlo por la simple constatación de que aquí batimos los récords de parados y de familias sin ingresos en las que el nivel mínimo de sustento sólo se puede garantizar gracias a la aportación de los mayores. También, quizás, porque en Andalucía se ha consolidado a lo largo de los siglos un tipo de familia extensa, solidaria y unida por estrechos lazos que la sociedad urbana ha ido aflojando en otros lugares. Lo tradicional no es, en este caso, sinónimo de anticuado y retrógrado, sino todo lo contrario: instrumento de socorro y bienestar.

Esta idea es la que ha permitido en el pasado reciente endosar a los abuelos un papel fundamental en el cuidado, la socialización y la educación de los nietos sin que ellos mismos hayan vivido el mismo con un sentimiento de explotación por parte de sus hijos trabajadores. Ahora se ha dado un paso más. Ahora los abuelos se están viendo forzados a contribuir a la economía familiar con los escasos medios de que disponen (sobre todo cuando los medios de los otros miembros de la familia han menguado o desaparecido).

Los que tienen edad, y tal vez enfermedades, para ser dependientes se están erigiendo en soporte de los que están llamados biológicamente a cuidarles. Tiempos sombríos en los que el mundo se pone del revés.

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