La ciudad y los días

Carlos Colón

Derecha y cultura

SE preguntaba hace unos días Juan Manuel de Prada en Abc, a propósito de la reacción del PP frente al manifiesto de creadores e intelectuales en apoyo a Zapatero: "¿Se puede despachar a creadores como Pedro Almodóvar tildándolos de paniaguados o titiriteros?". Tras responderse a sí mismo que "se trata de un diagnóstico ramplón que no se atreve a penetrar en la raíz del problema", identificaba dicho problema con otra pregunta: "¿por qué la derecha es incapaz de allegar apoyos entre las huestes de la cultura?". A esta nueva pregunta daba una respuesta ingeniosa pero, en mi opinión, insuficiente: la izquierda ofrece al artista a la vez un cobijo (reconociéndole y apoyándole) y una causa (dándole la ilusión de que lucha contra el poder o los valores establecidos) que satisfacen tanto su vanidad personal como su instinto de supervivencia. "Así -concluye-, los artistas de izquierdas pudieron resolver sus problemas de mala conciencia, fingiendo que se hallaban en la intemperie, cuando en realidad se habían instalado en el palacio de los poderosos".

Algo de razón tiene, y sabidas son las franquicias culturales que reparte la progresía, pero esto desborda lo español y el momento que vivimos. Ya Bob Dylan clamaba contra el capitalismo desde la poderosa CBS: ni el mercado desdeña las ideas progresistas, siempre que den dinero, ni los artistas desdeñan el altavoz y los beneficios que les ofrece el mercado (y si hay subvenciones de por medio, el poder político). Pero el caso español tiene otros matices marcados por una triste y larga historia de desencuentro entre la derecha y la cultura que se remonta, como tantos males nuestros, a la brecha entre la Ilustración y el cerrilismo clerical-absolutista. Desde entonces hasta hoy hay que reconocer que la creatividad ha estado, más bien, en un lado que en otro. Y que ese lado no ha sido precisamente la derecha.

Otros países más afortunados han tenido -de Chesterton a Conrad, de Chateaubriand a Leon Bloy- antimodernos o reaccionarios de genio (como bien estudia, refiriéndose a Francia, Antoine Compagnon en Los antimodernos). En España la unión de derecha y cultura ha sido tan rara como la de pensamiento y navarro, según la famosa broma de Unamuno. La Guerra Civil convirtió este desencuentro en tragedia. Prácticamente todos los nombres grandes de las generaciones del 98, el 14 y el 27 que hicieron la grandeza de la Edad de Plata estuvieron con el bando perdedor. La mejor forma de cerrar esta brecha no es llamar titiriteros y paniaguados a Almodóvar, Serrat, Azcona, Edmond Colomer, Concha Velasco o Lluis Pascual.

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