Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Desahogo

UNO de los deberes más perentorios que impone el síndrome prevacacional es el ajuste de cuentas. Una extraña prisa contable nos impulsa a cerrar todos los balances antes de cesar la actividad e ingresar en el merecido reino de la pereza: el laboral, el familiar, el de las llamadas telefónicas pendientes, el de las deudas domésticas, etcétera. También, en cierto modo, el sentimental y cualquier otra de las operaciones más o menos mercantiles que hemos ido arrastrando a lo largo del curso con la promesa de una cancelación anticipada.

Uno de esos balances tiene que ver también con la política. Si alguna vez se convocasen elecciones el 31 de julio y se llamase a las urnas a millones de personas resueltas a irse de vacaciones, pero deseosas de aliviar antes el corazón de todo lo que no se dice o ha quedado pendiente de decir a lo largo de los meses anteriores, sospecho que el resultado sería diferente del que se obtendría en unas elecciones convocadas en marzo o mayo.

Los resultados del Estudio General de Opinión Pública de Andalucía correspondiente al verano de 2008, divulgados precisamente el 31 de julio, el día que marca la frontera entre el tiempo viejo y el nuevo, tiene mucho de desquite y de desahogo. Por primera vez, los andaluces hemos suspendido a todos los partidos y a todos los representantes de esos partidos. No se han salvado siquiera los que se salvan siempre. Suspenden estrepitosamente Chaves, Arenas, Valderas y Álvarez. Y caen por todas las malas noticias y por todo el pesimismo acumulado a lo largo de las últimas semanas, en concreto desde marzo, cuando los electores aún no sabían con exactitud la fuerza de la tormenta que se iba a desatar.

La lectura de los resultados tiene los efectos de una descarga. O de un acto de justicia por fin ejecutado. No podía ser de otro modo: ningún partido ni ningún líder ha resistido el veredicto. Y en ese suspenso general contra la clase política, el hombre que empeña las últimas hora laborales en clausurar los deberes pendientes antes de ingresar en las vacaciones encuentra una enorme tranquilidad de conciencia y de satisfacción del deber cumplido.

Lo que es más difícil de fijar es si estamos ante un suspenso de verano; es decir, ante una reacción estacional que corregirá el otoño o el invierno (lo que antes se denominaba una "diarrea estival") o si el fallo responde a un malestar en proceso de empeoramiento. Manuel Chaves se ha apuntado a la interpretación que más le favorece y no sólo ha considerado "lógicos" los resultados de la encuesta sino que incluso cree que la apreciación de los andaluces es "correcta". El examen de septiembre despejará la incógnita.

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