la ciudad y los días

Carlos Colón

Desamortización a tiempo parcial

EL grupo socialista pretende que la inversión de dinero público en la restauración de Santa Catalina "debería revertir en la ciudadanía"; y que el Arzobispado debería autorizar el "uso parcial de esta sede o que se negocie su utilización". ¿Se deben emplear fondos públicos en la restauración de Santa Catalina, edificio propiedad de la Iglesia destinado al culto? Sí. Porque es un Monumento Nacional y un Bien de Interés Cultural, lo que supone el máximo grado de protección. Es una de las más ricas muestras de la superposición de las culturas, estilos y épocas -islámica, mudéjar, renacentista, barroca- que han hecho a Sevilla. En estos casos se llega a acuerdos entre la Administración y la propiedad que permiten la inversión del dinero de todos en lo que es propiedad de una Institución -o incluso de una persona- porque se entiende que su valor la convierte en patrimonio de todos aunque su titularidad no sea pública.

También con el dinero de los que no oyen música clásica ni van a conciertos se pagan el Maestranza y la Orquesta Sinfónica; con el de quienes no aprecian el arte ni los pisan nunca se mantienen los museos; con el de quienes jamás van al cine, o cuando lo hacen ven películas americanas, se subvenciona el cine español. He mezclado intencionadamente cuestiones que afectan a lo público y lo privado, al gusto y al negocio. Porque no sólo lo que tiene carácter público recibe ayudas del Estado, sino todo aquello que se considera un bien cultural que procura un servicio importante a los ciudadanos.

¿La intervención de la Administración obliga a alterar parcial o totalmente el uso del monumento restaurado con fondos públicos, como pretende el grupo socialista? No. Sería tanto como pretender que, por estar pagada con el dinero de todos, la Orquesta Sinfónica interpretara lo que gusta a las mayorías -desde Shakira a Bisbal- en vez del repertorio clásico que sólo interesa a las minorías. Ser subvencionado no significa ser comprado y mucho menos ser prostituido.

Los templos están hechos para lo que están hechos y la inversión de dinero público en ellos no debe alterar sus usos, convirtiéndolos en museos o espacios multiusos. Claro que la inversión de fondos públicos debe revertir en la ciudadanía también cuando se trata de templos. Y lo hace. Revierte en los católicos -que también son ciudadanos y pagan impuestos, como los melómanos o los aficionados al arte que tanto se benefician de actividades subvencionadas- que hacen allí sus rezos y participan en sus cultos. Y revierte en todos los ciudadanos, creyentes o no, que pueden entrar libremente en ellos, disfrutar de su silencio y conmoverse con su belleza.

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