Alto y claro

José Antonio Carrizosa

Desconfianza

LO peor de la situación actual es que no tiene una salida clara ni en el corto ni en el medio plazo. No está en un plan económico drástico y realista para recuperar la confianza de los organismos internacionales ni en el horizonte de una alternancia política. No sé si estamos al borde del abismo o paralizados en el fondo. Pero lo cierto es que la semana que termina nos ha puesto ante la crudeza de una realidad difícil de asumir. El desgaste y la incapacidad del Gobierno corren paralelos a los malos datos económicos. En las encuestas el PP gana, pero ni sus líderes ni su proyecto inspiran confianza suficiente. El último barómetro del CIS, hecho público esta semana, revela que las expectativas de voto de los dos partidos mayoritarios bajan y que tanto Zapatero como Rajoy ven reducida su valoración. Plantear una moción de censura con Rajoy como candidato a la Presidencia se antoja en estos momentos tan ilusorio como un adelanto electoral o un gobierno de concentración. Mientras, el presidente se debate entre una rebelión sindical en ciernes y la profunda desconfianza que inspiran en los mercados internacionales sus reiteradas improvisaciones y sus incomprensibles bandazos. Vista desde Andalucía, la situación no puede ser más alarmante. Tenemos al partido que gobierna la región sumido en la preparación de un congreso que debe aclarar el panorama interno -falta hace-, pero que no va abordar las cuestiones de fondo que tienen a Andalucía con índices de desempleo tercermundistas y con su débil tejido empresarial devastado por los efectos de la crisis. Así las cosas, ¿qué cabe esperar para salir del atolladero? Lo primero, recuperar la confianza y para eso hace falta adoptar medidas ya y arrostrar las consecuencias que puedan acarrear. Y en cuanto se pueda, dejar en manos del pueblo la elección de quiénes y con qué recetas pueden tirar para adelante. Fernando Faces, prestigioso profesor del Instituto Internacional San Telmo, hablaba en estas páginas el pasado viernes de que lo que cabe demandar en estos momentos es sensatez, responsabilidad y consenso en un plan realista para salir de la crisis. Apúntense a esta recetas los políticos. Porque si no lo hacen así el descrédito les acompañará durante muchos años. Peor para ellos y, sobre todo, peor para todos nosotros.

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