La tribuna

aNA M. CARMONA CONTRERAS

Deseo y realidad electoral

TRAS el pistoletazo de salida de los comicios andaluces, en 2015 asistiremos a una sucesión de elecciones (municipales y autonómicas) que concluirá, ya en otoño, con la celebración de las autonómicas en Cataluña y de las generales en todo el territorio nacional. Por definición, las elecciones siempre resultan esenciales para el juego democrático, pero a nadie escapa que en este año electoral por excelencia, lo van a ser todavía más. Fundamentalmente porque el bipartidismo imperfecto que ha caracterizado nuestro sistema político y que ha permitido la alternancia en el Gobierno central de dos grandes fuerzas políticas -conservadores y socialistas-, está dando muestras evidentes de agotamiento que plantean importantes incógnitas sobre su inmediato futuro.

Así se desprende claramente de las encuestas electorales, que auguran el inicio de un nuevo ciclo político en el que inéditos partidos vendrían a incorporarse al plantel de actores protagonistas y en el que, asimismo, parecería dejar esa primera fila el PSOE, una fuerza política hasta ahora indiscutible. En el espacio progresista, la meteórica irrupción de Podemos supone una grave amenaza para socialistas e Izquierda Unida. En el primer caso, el estancamiento de su discurso político, así como las divisiones internas y el liderazgo no afianzado de Pedro Sánchez provocarían un importante trasvase de votos a favor del partido de Iglesias. En el segundo, ante la similitud ideológica de ambas fuerzas políticas, Podemos captaría a una parte de los votantes de IU, mostrándose como apuesta por la renovación y a favor de consignas, al menos sobre el papel, más progresistas. Por su parte, en el espectro político del centro-derecha Ciudadanos se perfila como fuerza emergente a escala nacional que articula un discurso más plural y aperturista que el propugnado por UPyD (atrapado en el personalismo anquilosante de su líder) y que, asimismo, parece desplegar una sugestiva capacidad de movilización frente a un sector no desdeñable del electorado conservador descontento con las políticas de recorte y austeridad practicadas por el gobierno del PP.

En este contexto de fondo, los sondeos electorales dan por descontada la transformación del status quo actual de partidos, constatando una fuerte tendencia a la pluralización que permitirá la incorporación al circuito institucional de un mayor número de fuerzas políticas. Esas mismas predicciones, asimismo, vaticinan una cerrada lucha por la victoria entre el PP y Podemos. La siguiente posición correspondería a Ciudadanos y el PSOE, dejando a salvo las elecciones andaluzas en las que parece mantener sus opciones de triunfo, quedaría postergado al tercer o incluso cuarto puesto. ¿Debemos dar por ciertos tales pronósticos? ¿Tiene posibilidades reales de ganar las elecciones Podemos? ¿Será Ciudadanos el partido bisagra? ¿Se confirmará la debacle socialista?

No vendamos la piel del oso antes de cazarlo y vayamos por partes, porque la realidad nos enseña que una cosa es el número de votos obtenidos en las elecciones y otra muy distinta el número de escaños en el que aquéllos se traducen. He aquí que entra en escena un implacable personaje, el sistema electoral y con él, el paisaje descrito por los sondeos se transforma. Para empezar hay que tener en cuenta que el sistema electoral opera de forma individualizada en cada circunscripción y toma en consideración el concreto número de escaños en liza en la misma. Esto quiere decir que lo que ganan unas fuerzas lo pierden otras. Es el juego de suma cero. Asimismo, para proceder a la atribución de los escaños se aplica una fórmula proporcional (la famosa Ley d'Hondt) que en la práctica dista mucho de serlo, puesto que favorece netamente a los partidos mayoritarios en detrimento de los restantes. Ese efecto reductor de la pluralidad en la representación se intensifica ulteriormente en las circunscripciones con menos escaños, ya que a la hora del prorrateo premia a los dos partidos más votados y penaliza a los medianos y pequeños. Al no alcanzar la representación, los votos recibidos por éstos resultan "inútles". Para completar el cuadro, tampoco puede soslayarse que estas circunscripciones pequeñas, con un perfil eminentemente rural y cuyo número no es irrelevante en las elecciones al congreso, presentan una acusada preferencia por las fuerzas conservadoras en detrimento de los progresistas.

Enfocada ahora la cuestión desde la óptica del sistema electoral, la imagen resultante dista de identificarse con la ofrecida por las encuestas, dejando al descubierto factores estructurales que actuarán como importantes frenos de cara a hipotéticos vuelcos electorales. Estando así las cosas y pensando en las opciones reales de las fuerzas políticas emergentes, sobre todo, de Podemos, debe tenerse claro que las reglas del juego favorecen a los grandes partidos. La contienda electoral se gana en las urnas y no en los sondeos. Una cosa es el deseo y otra, la realidad.

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