Crónica personal

Pilar Cernuda

Desgarro personal

MARÍA San Gil confiesa desgarro personal, Mariano Rajoy no lo confiesa, pero se le nota. Como se les nota a los dirigentes del PP. Y con toda seguridad también viven su particular desgarro los militantes. Nada de lo que ocurre en el PP y al PP en las últimas semanas les puede provocar satisfacción, alegría o buenas vibraciones, sino todo lo contrario. San Gil es un referente para el partido, como lo es Ángel Acebes, y la baja de Ortega Lara ha conmocionado a la militancia.

Rajoy ha pronunciado ante los alcaldes de su partido uno de sus mejores discursos. No cambian los principios, les ha dicho, advirtiendo que la necesidad de sumar no puede confundirse con una marcha atrás en lo que han sido los valores fundamentales del PP. Y ha dicho muchas cosas más, que va a presentar su candidatura porque cree que es el mejor candidato posible en estos momentos, que no sólo alienta a otros candidatos para que se presenten sino que pueden tener la seguridad de que no va a tratarles de distinta manera si lo hacen, y que va a pelear por sacar adelante al PP contra viento y marea. Porque hay vientos y mareas, y no todas ellas proceden del PP ni de gentes del PP. Esa es la razón de que Rajoy no tire la toalla, por utilizar su propia terminología. Está convencido de que cuenta con mucho más respaldo de lo que dicen algunos predicadores de la mañana que le dan hasta en el carné de identidad porque persiguen determinados objetivos políticos, y no va a darles ese triunfo.

Ha aguantado a pie firme el chaparrón insultante de un pequeño grupo de manifestantes, grupo patético y gritón. Rajoy se ha equivocado mucho desde el 9 de marzo, ha provocado descuelgues importantes que afectaban incluso a lo emocional y se ha rodeado de algunos nuevos colaboradores que le han hecho flaco favor con su forma de actuar ante los demás. Pero ha recogido velas, está haciendo un esfuerzo por enderezar las cosas, para transmitir mensajes más nítidos, por defender las esencias del partido y por dar más muestras de afecto.

Pero precisamente cuando endereza el rumbo ha arreciado más el acoso de determinados medios de comunicación que supuestamente defienden la ideología conservadora y, lo que es grave para él, lo único grave para él, se produce la renuncia de María San Gil y la baja de Ortega. Probablemente está derrumbado anímicamente, pero ha hecho un esfuerzo para que no lo noten sus alcaldes y sobre todo para intentar animarlos y animar a los militantes, con un discurso vibrante, unas palabras esperanzadoras y un rostro sin un ápice de desencanto.

Insiste en presentar su candidatura y hace bien, es el candidato más adecuado a pesar de sus errores últimos.

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