desde el fénix

José Ramón Del Río

Después de las elecciones

CELEBRADAS las elecciones municipales y las autonómicas, salvo en Galicia, País Vasco, Cataluña y Andalucía, e incluso constituidos la inmensa mayoría de los ayuntamientos y algunos parlamentos regionales, puede decirse que los resultados no sólo han confirmado las encuestas que daban el triunfo del PP y la derrota del PSOE, sino que puede decirse, sin exageración, que el éxito del PP ha sorprendido a la propia empresa, como se decía antiguamente con la obra del teatro o la corrida de toros que había recibido más espectadores de lo esperado. Sobre todo, aquí en Andalucía, porque si se contaba con triunfos aplastantes en Madrid, Valencia y Murcia, obtener la mayoría absoluta en todos los ayuntamientos de las ocho capitales de provincia y prácticamente en todos los pueblos con mayor censo de población y poder gobernar, por contar también con mayoría absoluta, en cinco diputaciones provinciales, creo que no se lo podía imaginar ni siquiera Javier Arenas, y eso que nadie como él podía haberlo previsto, por su continuo recorrer de capitales y pueblos de Andalucía.

Siempre he pensado que las elecciones son como las mareas. Cuando la marea está subiendo, el agua no llega a la misma altura de la playa en todos los sitios, pero uno puede apreciar fácilmente que, por momentos, queda menos arena. Y la playa, en las elecciones, es toda España y en esta ocasión, la marea de votos para el PP ha sido como las de Santiago y el agua ha inundado casi toda la playa, con muy poca diferencia en unos sitios respecto de otros.

No se puede decir que el PSOE haya perdido las elecciones con elegancia, ni menos con resignación cristiana. Aquí en Cádiz, por ejemplo, le echan la culpa de su derrota a IU, por no haber impedido con sus votos alcaldes del PP o por no habérselos regalados a su formación, olvidando el trato que les habían dado, venga a reclamar que toda la izquierda los votara a ellos, o acusando al PP de voracidad incontenible, cuando ellos, antes, les habían dado un curso al respecto. Ahora el PP tendrá que gobernar ayuntamientos, diputaciones y autonomías con exquisito cuidado si quiere prolongar su éxito en las elecciones generales. La receta la conocen de sobra: austeridad, honradez, transparencia y mucho trabajo. Deberán contar y no perder la calma, con una contestación callejera, casi siempre inducida. Hasta hoy, en Cádiz, el PP no gobernaba más que el Ayuntamiento, pero resulta que todas las manifestaciones de protesta, por cualquier tema, se realizan delante de él. ¿Es que no saben los manifestantes que, además del ayuntamiento, hay delegaciones del Gobierno, una de la Junta y otra del Estado, que están en otro sitio?

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