Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Detritus

RISTO acapara OT y hasta pide perdón. Oh. La que se avecina vuelve tan floja como se fue. Y un cadáver mutilado provoca entre cronistas y contertulios mayores salivaciones que las de los perros de Paulov. En cualquier cadena hablan de "cadáver" y ya están histéricos los reporteros buscando testigos y familiares de víctimas y asesinos, como ha pasado ahora en Castellón. Telebilis en su punto de fusión: AR, Tal cual o el redivivo Rojo & Negro escarban entre la carne talada.

Canal Sur no se asoma a las cunetas, por si acaso, pero ya tiene su Callejeros para enfocar realidades incómodas. No está mal que la pública andaluza cuente con un equipo de reporteros a la caza de vivencias sinceras. 75 Minutos está clonado, pero late con una buena intención, aunque tendrán que hacer equilibrios para no caer en sensacionalismos y en el síndrome de Diógenes audiovisual de este género. En el estreno viajaron a uno de nuestros trasteros sociales, las mediáticas Tres Mil Viviendas de Sevilla, donde captaron un clima bélico que despierta sentimientos extremos. 75 Minutos destapa la caja y enseña realidad. Esa es la fórmula y la firme intención de la jefa, Toñi Moreno, dispuesta a pasar la noche a la intemperie, vivir en una chabola y lavarse en un barreño. Toñi, sin perder la sonrisa, hace destilar ironía, guasa, ternura, complicidad. Sus compañeros siguen la estela. Tal vez el programa se embrolló demasiado entre abogados y testimonios del asesinato que se convirtió en el eje de las historias y en el motivo de la diáspora de las familias implicadas, que viven en auténticos campos de refugiados. A Toñi, entre detritus y chapas, le sobrecogía "estar tan cerca de la civilización y a la vez tan lejos, en la selva". Cuando la tele es basura (este no es el caso), esa debe de ser la sensación que tendrán los obligados a fabricarla.

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