la ciudad y los días

Carlos Colón

Deuda de felicidad con Julie Andrews

CASI exactamente en el 47 aniversario de que la viéramos por primera vez, cuando se estrenó Mary Poppins en el Imperial el 18 de diciembre de 1965, Julie Andrews ha confirmado lo que ya se temía: tras una operación fallida en las cuerdas vocales realizada en 1997, deja para siempre de cantar. Han fracasado todos los intentos que ha hecho desde entonces para recuperar su voz. Cuando hace dos años ofreció el que resultó ser su último concierto en Londres, se vio obligada, como ella misma dijo, a hablar cantando. Se calla así la voz que, tras formarse en los escenarios londinenses desde que tenía 14 años, asombró a Broadway con My Fair Lady en 1956 y con Camelot en 1961, las obras de Lerner & Loewe que la convirtieron en una estrella. Y la voz que encantó al mundo cuando Disney la lanzó en Mary Poppins en 1964 y un año más tarde Sonrisas y lágrimas se convirtió en la película más taquillera de la historia del cine. Ella, Barbra Streisand y Liza Minelli fueron las últimas reinas del musical.

Los sevillanos vimos por primera vez a Julie Andrews en las Navidades de 1965, pero no la oímos. La voz que cantaba Supercalifragilisticoespialidoso o Comida para los pájaros era la de María Teresa de las Heras -de nombre artístico Teresa María-, una estupenda cantante española con mala suerte discográfica que orientó su trabajo al doblaje de musicales. Es de justicia, cuando la Andrews anuncia que no volverá a cantar, recordar su voz española. Teresa María, que también dobló a Audrey Hepburn (en realidad a otra cantante dobladora americana, Marnie Nixon, que le prestó la voz) en My Fair Lady, fue la voz cantante de Julie Andrews en Mary Poppins y Sonrisas y lágrimas. Su voz en los diálogos fue la gran Rosa Guiñón -que fue también la voz más fiel de Leslie Caron, Claudia Cardinale, Catherine Deneuve o Audrey Hepburn-, que la dobló en todas sus películas.

Tengo una larga deuda de felicidad contraída con Julie Andrews desde que la vi por primera vez, siendo niño, en la pantalla del Imperial en 1965 hasta que la oí cantar por última vez, casi veinte años después, en el Cervantes en Victor o Victoria. Una deuda incesantemente renovada y nunca extinguida, porque sigo viendo sus películas, oyendo sus discos y ya tengo en el mp3 su Mary Poppins para acompañar -junto a Bach, Sinatra, Crosby, Fitzgerald y la Niña de la Puebla- mis paseos navideños. Y todos tenemos, también, contraída una deuda con Teresa María y Rosa Guiñón que, por desgracia, nadie paga nunca: los cantantes y actores de doblaje siguen siendo los artistas más desconocidos de España. Y mira que fueron y son grandes.

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