LAS EMPINADAS CUESTAS

Devaluar la igualdad

EL presidente Griñán, que tiene también un discurso igualitario impecable, ha afirmado que "la sociedad aún ridiculiza la igualdad de género", y, efectivamente, constatamos que la crisis la está frenando, en el empleo y en el hogar, a pesar de que se recalca con reiteración que incrementa la productividad y aumenta las posibilidades de desarrollo, pero se la devalúa intelectual y políticamente.

Hace muchos años, cuando empezaba mi vida política algunos me preguntaban el porqué de mi dedicación a la causa de las mujeres si no lo "necesitaba"; era ya doctora en Derecho y profesora de Universidad, pero lo curioso es que pasados tantos años haya quien opina que he perdido "valor político" por seguir intensamente empeñada en ello; he tenido, afortunadamente, muchas y diversas responsabilidades políticas, y ahora que llevo casi ocho años sin cargo público, sigo convencida de que la desigualdad continúa afectando demasiado a la vida global de las mujeres.

Hay recientes estudios, de diversa naturaleza, con datos que lo ponen de relieve; sobre algunos escribía ayer una estupenda columna José Aguilar; sobre la brecha salarial que aún subsiste o con los datos escalofriantes sobre los/as adolescentes de 14 a 16 proporcionados por el Instituto de la Mujer: los hombres están más capacitados para lo público, las mujeres para criar hijos; son más débiles que los hombres; en la pareja lo normal es que éstos protejan a las mujeres o lo de "quien bien te quiere, te hará llorar". La Federación de Mujeres Progresistas señala que el 80% de los adolescentes creen que, en una relación, la chica debe complacer a su novio; luego las matan. ¿No tiene valor político empeñarse en cambiar estas ideas?

Le damos importancia puntual a estas cosas, no perseveramos en su denuncia, denostamos del feminismo, el primer movimiento global de la historia, y mantenemos los estereotipos habituales; un político tan importante como Alfonso Guerra ha dicho: "Esto de jovencitos al poder y las mujeres primero no es buena técnica". Nótese, por ejemplo, que lo del poder es para los varoncitos y que las mujeres no tenemos edad, mayores o menores, no debemos ir primero; se referirá, supongo, al mérito y la capacidad, y estoy de acuerdo, pero ¿por qué a ellos siempre se les supone y nosotras tenemos que demostrarlo?

La igualdad, junto con la libertad, son los" valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico", según la Constitución, y los poderes públicos tienen que hacerlas "reales y efectivas", y, como también dice Griñán, "la igualdad o es real o no es igualdad"; lograrlo es una actividad política de primera magnitud, aunque no termina de entenderse.

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