Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Diferencia con lo del busto es mío

Del Nido engrandece su gestión aún más al reconocer a las personas que protagonizaron la historia del Sevilla

DIFERENCIA abismal en la gestión de los dos primeros sillones del fútbol sevillano. Por un lado se rinde homenaje al pasado engrandeciendo el presente mientras que por el otro se ignora el pretérito y se empobrece, por tanto, lo actual. Me parece una inteligente medida la de José María del Nido develando hoy en la zona noble del estadio el busto de la persona que le da nombre. Hasta la avalancha de plata que con Del Nido llegó a la sala de trofeos del Sevilla, el mejor presidente de su historia era Ramón Sánchez-Pizjuán y Muñoz, también brillante abogado y también entregado en cuerpo y alma al club.

Cuando Ramón Pizjuán -así le llamaban sus más cercanos- falleció, el rumbo del club viró hacia muy mal. Se fue Helenio Herrera y el equipo pasó de subcampeón de Liga a pasar las grandes duquelas por no descender, el estadio se abrió a trancas y barrancas, pero no pudo ser terminado hasta diecisiete años después y gracias a la gestión de un pizjuanista como Eugenio Montes y al dinero de un sevillista como Gabriel Rojas. La figura enorme de Sánchez Pizjuán latía en la cabeza de todos los que le sucedieron, pero el Sevilla no recobraba la grandeza pretérita bajo la férula de un presidente que murió con dos penas, no haber ganado la Liga y no ver el estadio.

Ni la Liga, que el Sevilla ganó bajo el mandato de un hombre puesto por Ramón, el Marqués de Contadero, ni su sueño del estadio vio este personaje que hoy va a ser recordado en un antepalco que no pudo conocer. Ya no es Ramón el indiscutible mejor presidente en la vida del Sevilla; un compañero de profesión y ocupante de su silla ha enriquecido su currículo de tal manera que, por lo menos, puede discutirle la primacía. Hoy se devela el busto de Ramón, que no es lo mismo que descubrir el busto propio, y con este reconocimiento al pasado va enriqueciéndose el presente aún más. Ramón no conoció el estadio, a José María se lo dejaron sus predecesores. ¿Y la Liga?

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