Crónica Personal

Pilar / cernuda

Dineros

EN la crónica de los dineros que circulan por los mentideros políticos, se cuela la bala enviada en un sobre a Javier Arenas. Ya está la investigación en marcha, pero no por ello deja de ser inquietante. En estos tiempos de amenazas, coacciones, gritos y acoso, ese contenido mortal no puede tomarse a broma.

Arenas está también en el punto de mira porque años atrás cobraba una relevante cantidad de dinero por su trabajo como miembro de la dirección del PP. También Álvarez Cascos. Los dos lo declaraban a Hacienda y además se les realizaban las retenciones que marcaba la ley. ¿Algo que objetar? Sólo una cosa, que las cantidades eran elevadas, pero no es un delito cobrar por trabajar en un partido. No son los únicos políticos que cobran por su trabajo en un partido ni es el PP el único que paga un salario a sus dirigentes. Pero en estos tiempos, con mileuristas que se dan con un canto en los dientes por tener un trabajo, y con millones de parados, los grandes salarios del pasado nos parecen un escándalo. Sin embargo, no hay que llamarse a engaño: los políticos cobran por su trabajo, en el PP y en lo que no es el PP, en los sindicatos y en la patronal. Quien piense que sólo cobran los que se dedican a poner en marcha los partidos de derecha y de centro no tiene ni idea de cómo funciona la vida política.

Lo que importa no es que reciban un sueldo, sino que se sepa cuál es ese sueldo y si merecen cobrarlo. E importa también que, si no rinden en su trabajo, se les mande a casa, como ocurre en cualquier empresa que se tercie. El escándalo no es que cobren los políticos por trabajar, siempre que lo hagan de forma legal; el escándalo es que cobren de los partidos gente mediocre que no de la talla pero a los que se premia la docilidad, el servilismo o ser amigo de o pariente de... Ejemplos de mediocridad la vemos todos los días y sin que nadie se rasgue las vestiduras.

En política deben estar los mejores. Y si para que estén los mejores es necesario pagarles el salario adecuado, que se haga, todos saldremos ganando. Lo infumable es que políticos de medio pelo que jamás serían contratados por una empresa solvente cobren sueldos de ejecutivo cualificado. Que se atrevan todos, pero todos, a presentar las cuentas, que hasta ahora no lo han hecho. ¿No es extraño que los partidos y sindicatos expresaran reticencias a ser incluidos en la ley de transparencia?

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