PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Disparate de alta burguesía

LLEGA pronto la época de las campañas de vacunación para virus como la gripe. Hay que añadir a la sanidad preventiva el especial celo ante el peligro de otra cepa: el desvarío político de la alta burguesía. Una enfermedad social muy contagiosa, que desde hace un siglo, en momentos de crisis, ha causado estragos en Europa. Y en España. Desde la alta burguesía actúan como cómplices necesarios de procesos y liderazgos que después se les escapan de las manos y son calamitosos. Así ha sucedido en muchos países con los nacionalismos, los fascismos y los populismos carismáticos.

Siempre pienso en los catalanes de extracción humilde y estrecheces cotidianas cuando veo escenas como la del recibimiento a Artur Mas en la Plaza de Sant Jaume, con el cineasta Ventura Pons y el filósofo Xavier Rubert de Ventós en primera fila aplaudiéndole como intelectuales de cámara a los que les pone cachondo el mito de una Cataluña independiente; cuando se contempla el cinismo y la ambigüedad calculada de Joan Rosell como máximo dirigente de la CEOE, sin defender los intereses de la patronal española para no sacarle los colores a los paisanos que le llevaron a la poltrona; y cuando se lee con perspectiva a lo que han jugado desde hace treinta años los medios de información con sede central en Barcelona para dorarle la píldora a la permanente estrategia de la queja al Estado central, a cambio de malvender su línea editorial a la conveniencia del poder autonómico, inercia de la que ahora no saben cómo apearse.

Si se lleva a cabo la secesión y causa, porque va de suyo, un desastre socioeconómico para las clases medias y bajas, de él escaparán las élites que se benefician de formar parte de la corte de los milagros, rindiendo pleitesía y traficando con influencias. Ellos no tendrán que ir a los comedores sociales. Y si se malquista la situación a niveles temerarios, como tienen la vitola de catalanes con glamour y savoir faire, con toda naturalidad se irán a vivir a París, y dejarán en Suiza su dinero. Y al pueblo catalán, arruinado, que le den butifarra.

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