El poliedro

Doctor, tengo mustiala confianza

Mientras que una confianza arrugada produce pasividad económica, los ciclos altos generan calor y aire

EL fracaso escolar en edad temprana de un niño con inteligencia suficiente pero, cual Carlito Brigante con plumier, atrapado por un pasado sin vigilancia o sin apoyo; la recuperación de la salud por parte de un enfermo grave, la emergencia eternamente diferida de un futbolista con talento pero "sin suerte", el no pasar de cuartos de final en la ocasiones señaladas en el caso de un equipo con buenos futbolistas, el rumbo de una pareja sentimental, la superación de los problemas por parte de una empresa o, en fin, la duración de una depresión económica dependen de forma crucial de la confianza. Traumas personales u organizativos pueden estar detrás de una baja autoconfianza y, por supuesto, también circunstancias externas más objetivas como, por ejemplo, la codicia sin fin de intermediarios financieros babeantes por el incentivo, dando hipotecas hasta a las cabras. La confianza y su hija mayor -la expectativa- están además sujetas a la inercia, de forma que crecen excesivamente en los booms, generando burbujas, y se contraen irracionalmente en los bajonazos, retrasando la recuperación. Mientras que una confianza arrugada produce pasividad económica (sea en cuanto a inversión, producción o exportación y, por tanto, en empleo; sea en cuanto a consumo), los ciclos altos provocan optimismo y calor económico. Pero, lamentablemente, la confianza no se vende en latas ni la encuentras en los lineales del súper.

El primer ministro chino, Wen Jiabao, nos regaló esta joya oriental hace unos días en Financial Times: "La confianza es más importante que el oro y los diamantes" . Obama, que habita en el ojo del huracán, no para de apelar a la confianza, pero con el mazo dando: nadie puede negarle la diligencia, con una panoplia de medidas y normas incesantes que aplica con pasión, y desigual éxito. La nueva moda, por cierto, es no creerse nada de las intervenciones públicas para atajar o paliar la crisis: nadie cree a nadie, los bancos no creen en los bancos; las empresas no creen a sus clientes y proveedores, y mucho menos a los bancos; la Bolsa no cree en Obama ni en las empresas ni en los bancos; nadie, en fin, cree en la Bolsa, ni siquiera la Bolsa misma. Descreimiento y desconfianza, también parientes cercanos. Los británicos lloran como cualquiera, y una encuesta publicada esta semana arroja un dato palmario: sin splendid isolation posible que los proteja a estas alturas y, descendidos del podio de la riqueza blindada, ya no dan crédito ninguno a sus banqueros, a los que consideran "codiciosos" más de un 50 por ciento. Ya no me fío, como pensaría un niño que ve que su maestro sólo apoya a los más destacados, o como diría quien tuvo la desgracia de escuchar de la persona amada: "cariño, esto no es lo que parece". No es fácil de superar la desconfianza, una vez que se instala en el corazón. Pero hay que intentarlo.

Rosabeth Moss Kanter, profesora de Estrategia de Harvard, nos pintó en 2005 un cuadro de alternativas en tiempos de desconfianza, a partir de la clásica dualidad USA ganador/perdedor: "Los perdedores estaban mucho más dispuestos a cambiar de caballos a mitad del río y a mutilarse: cortarse las narices, al igual que los ojos, orejas, brazos y piernas. Reemplazaron a los directores generales. Cortaron los gastos. Cortaron las inversiones internas. Cortaron el personal. Cortaron proyectos. Cortaron la atención al cliente. Cortaron la comunicación. Tanto los ganadores como los perdedores hicieron frente a desafíos similares en esos años, pero respondieron de forma muy diferente. Entre los que cambiaron de máximo jefe o de dueño de la empresa, encontramos que los perdedores fueron más del doble que los ganadores, pero sólo aproximadamente la mitad fueron capaces de emprender acciones positivas como iniciar grandes proyectos o nuevos productos, ubicar nuevos colaboradores o socios o formar alianzas estratégicas. Se convirtieron en autocracias en vez de compartir y colaborar más.". Toca jugar a ganador, a prudente ganador.

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