el poliedro

José / Ignacio Rufino

Doctores tiene la Iglesia

La calidad institucional se ve mermada por las componendas perpetradas para relumbrón de una persona

EL comportamiento de las instituciones denota a la sociedad en que éstas nacen y se desarrollan. El término "calidad institucional" se utiliza cada vez más para valorar lo desarrollado, arcaico, corrupto o democrático de organizaciones, sobre todo las públicas, aunque también las puramente privadas y las privadas con gran presencia social. El escándalo provocado por la denuncia de decenas de mujeres pacientes de un psiquiatra sevillano, Javier Criado, no sólo ha conmocionado a la ciudad, sino que el indudable morbo del asunto ha tenido resonancia nacional e internacional: según las muchas denunciantes, que en muchos casos no se conocen entre sí y que no tienen expectativa de resarcimiento material alguno, el psiquiatra las sometía a vejaciones, abusos y humillaciones, justo lo contrario de lo que se esperaba: quién vigila al vigilante. Algunos amigos y conocidos del doctor han esgrimido la presunción de inocencia con ardor, y confiado todo al dictamen de la Justicia, para evitar un supuesto linchamiento. No se entiende bien, reiteremos, qué oscuro afán mentiroso podría mover a tantas mujeres que dicen haber sufrido el mismo esquema de perversión deontológica, un revuelo que va a incomodar a sus hijos o parejas, que en muchos casos no existían en los primeros abusos datados por las denunciantes. Dado que el segmento de mercado -si se permite el término comercial en un asunto de salud- del psiquiatra es -o era- la buena sociedad local, y dado que la localidad de la que hablamos es en ese segmento muy católica y tradicional y por tanto tiene mala conciencia de solicitar ese servicio médico en vez de resolver sus problemas por la vía religiosa, no es de extrañar que varias de las supuestas víctimas hayan girado visita nada menos que al arzobispo de la ciudad. Muy sorprendente, y muy sevillano. De cierta Sevilla; hay otras.

En realidad, y vamos a lo institucional, es que el arzobispo puede destituir a Criado, no ya expulsándolo del Colegio de Médicos, sino destituyéndolo de su cargo de hermano mayor de una de las más serias y señeras hermandades cofradieras de Sevilla, Pasión, pura tradición y señorío. Pero el obispo no lo ha hecho. Doctores tiene la Iglesia. Sin embargo, lo que más mueve a la perplejidad es que el consejo de administración, que se llama, si me permiten los aficionados, Junta de Hermandad, no haya cortado la cabeza -la directiva- fulminantemente al psiquiatra. Y así parar el emporcamiento mediático. Hasta lo que uno ha podido saber, consiliarios, diputados y priostes no han pedido a Criado se vaya por su pie o, sencillamente, sea destituido por el órgano rector de la institución. Hermanos cofrades tiene la Iglesia. El síntoma responde a una evidencia muy típica con respecto a instituciones de todo tipo, en la que el medre del baranda que ocupa la cúspide organizativa es el alma de todos los órganos funcionales, dejando a éstos en mera fachada barroca, más o menos pomposa o técnica: en realidad estos órganos no son representativos y mucho menos críticos, se crearon a imagen y semejanza del que los diseñó. Y nadie va a morder la mano que le colocó la sillita en la sala noble. Esto puede valer -no siempre, claro- para clubes de fútbol, patronales y sindicatos, los propios partidos políticos, universidades, muchas instituciones de gobierno público y, por supuesto, consejos de administración: "No te he puesto ahí (o no te di aquella prebenda a costa de todos) para llevarme la contraria, cuidadito". El proceso de diseño organizativo no es de abajo a arriba, verdaderamente fraternal y representativo, sino que va al revés: los de abajo pintan poco. El personalismo y la decoración artificial son características, por cierto, de sociedades con escasa calidad institucional. Lo cual produce, a la postre, monstruos.

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