PASA LA VIDA

Domingo de manifestantes en paz

UNAS doscientas mil personas es la cifra global de ciudadanos que se manifestaron ayer en España en apoyo a las movilizaciones del Movimiento 15-M. Protestas pacíficas en todos los casos, incluso en Barcelona. Crece la capacidad de convocatoria que aglutina la voz del descontento general. Y no hace falta haberse leído las obras completas de Sherlock Holmes para observar con dotes deductivas las fotos y los vídeos de las marchas, con el fin de corroborar que había personas de edades y perfiles muy variados, y alejados del arquetipo del individuo antisistema. Une el cabreo y la necesidad de reafirmarse ante el desmoronamiento de las expectativas. Les falta aunar voluntades en torno a propuestas verdaderamente alternativas en tanto que realistas. Pero lo mismo cabe decir de los partidos políticos, que tienen a los electores a pan y agua de soluciones para reflotar el país. Sólo se les ocurre insistir en medias verdades, como la reducción de gastos y puestos superfluos en las administraciones. O en admitir que debe ejecutarse la penúltima encomienda formulada en Bruselas.

La violencia mediática ha quedado representada este fin de semana por los atrabiliarios forofos ilicitanos que agredieron a los jugadores del Granada. Siempre hay mediocres que se irritan más con la derrota de su equipo que cuando falta el trabajo y sube el precio del dinero. Sin incidentes en las manifestaciones del 15-M, los quintacolumnistas tienen que forzar aún más su dosis de mala baba para demonizar en sus artículos y tertulias a la gente que ayer no tuvo miedo en unirse a los que son vituperados como perroflautas. No hay peor ciego que el que no quiere ver. En Sevilla, durante la tarde de un domingo de junio, con fuerte calor garantizado, ninguno de los partidos con representación parlamentaria lograría movilizar a más de diez mil personas. Ni siquiera el PP para celebrar la victoria de Zoido en las urnas. Por muy significada que sea la presencia en Democracia Real Ya de personas identificadas con la izquierda extraparlamentaria (también porque la izquierda oficial representa menos a la sociedad), lo que sucede en España desde hace 35 días va mucho más allá de una operación subversiva. De ello puede dar fe Emilio Botín, quien gestiona los ahorros y los préstamos de muchos manifestantes, y es tan patriota que él y su familia le han pagado 200 millones de euros a Hacienda para regularizar su fraude fiscal.

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