La ciudad y los días

Carlos Colón

Don José Llavador

CON sus 97 años bien llevados a cuestas, el profesor don José Llavador volvió a Sevilla para participar en el ciclo de conferencias del Aula para la Recuperación de la Memoria Histórica dedicado a Alberto Fernández Ballesteros, el único de los cuatro diputados del PSOE por nuestra provincia que sobrevivió al golpe de Estado. Barrios, Carretero y Moya, que estaban con él en Madrid, regresaron a Sevilla el mismo 18 de julio y fueron fusilados. Fernández Ballesteros se quedó en Madrid y eso le salvó la vida. A don José Llavador también le ha jugado una mala pasada su regreso a Sevilla: un infarto se lo llevó durante la celebración de las jornadas. Ayer, temprano, sus amigos sevillanos, entre los que estaban sus alumnos del Instituto Escuela de Villasís, se reunieron en la parroquia de la Magdalena para decirle un adiós que para los socialistas y los cristianos que de verdad lo sean es, por razones a la vez distintas y coincidentes, un hasta siempre.

El profesor Llavador, como se le llama en casa porque mi padre fue uno de sus alumnos en el curso 1934-1935 del Instituto Escuela sevillano, aprendió a amar la enseñanza gracias a unos maestros -doña Evelina, don Alfonso- de los que siempre guardó memoria agradecida. Tras estudiar Historia llegó a Sevilla con una beca del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Dio clases en el Instituto Escuela y en Cantillana. Junto a los profesores Bernal y González fue uno de los fundadores de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza (FETE-UGT) sevillana. Eran tan pocos al principio que los encuadraron en la sección de Oficios Varios, junto a los barberos y otros trabajadores. Al estallar la guerra se incorporó como miliciano voluntario, siendo destinado al Guadarrama. Volvió a la enseñanza en el instituto de Valdepeñas hasta ser llamado a filas en 1938 y destinado al duro frente de Teruel. Depurado tras la guerra, tuvo que dedicarse a varios oficios hasta ser readmitido en la docencia en 1946, incorporándose al instituto de Cantillana y dando clases de Historia del Derecho Indiano en la Universidad. Se entrevistó con José Antonio Primo de Rivera y trató a Azaña, Prieto y Besteiro, al que fue fiel hasta el final visitándole en la cárcel de Carmona. No cultivó el rencor, pero tampoco olvidó, se acomodó o se rindió. Representó, hasta su último día, aquella educada y democrática República con sombrero -contradiciendo el anuncio franquista de la sombrerería de la calle de la Montera: "Los rojos no usaban sombrero"- y aquel sobrio y culto socialismo con raíces krausistas que algunos echamos de menos.

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