alto y claro

José Antonio Carrizosa

Dosis de realismo

ANDALUCÍA volvió a demostrar el pasado domingo que su realidad sociológica, y por tanto su comportamiento electoral, no es idéntico al del resto del país y que lo que vale en otros territorios no es mi miméticamente trasladable al nuestro. Si esto es una desgracia o una suerte dependerá del color del cristal con el que se quiera mirar la realidad, pero lo cierto es que aquí se le ha dado el primer revés serio a la ola triunfante en la que el PP se subió tras la nefasta gestión de la crisis que hizo Zapatero y que la gente ha visto que peligraban conquistas sociales a las que no están dispuestos a renunciar. Éstos son los datos del problema y el tiempo que ahora se abre es el de buscar soluciones, que son difíciles y que nos ponen en una situación desde la que va a ser más complicado de lo que mucho preveían poner en marcha las políticas de ajuste que sin duda tienen que venir. Griñán es una persona a la que se le podrán hacer todos los reproches que se quieran desde el punto de vista político, pero que en esta ocasión ha demostrado fineza y olfato, y que, además, sabe el terreno que pisa. No se le escapa que si la situación económica de España es límite la de Andalucía ha superado ya todos los límites y que hay que acometer acciones urgentes y efectivas.

Si no lo hace, la situación se va a volver contra él con virulencia. Por eso es tan complicado el panorama que se le presenta con Izquierda Unida, una formación que no se ha caracterizado precisamente por aplicar a la acción política grandes dosis de realismo. Si Diego Valderas, que es una de las pocas personas que en esa organización ha demostrado suficiente pragmatismo, no logra domeñar las tendencias talibanas que con tanta frecuencia afloran en IU el panorama que se nos pone por delante es desolador y esta legislatura puede irse al traste mucho antes de lo que pensamos; y no están los tiempos para jugar a la inestabilidad política.

Por todo esto, la oferta dicha de palabra y reiterada por carta que Javier Arenas ha hecho a Griñán tiene todo el sentido y no conviene tomarla a la ligera. Cierto es que el mandato de las urnas obliga a socialistas y comunistas a intentar vías de acercamiento. Pero si esas vías desembocan en hipotecas e imposiciones inasumibles en el contexto en el que nos desenvolvemos, y el programa de IU está lleno de unas y otras, el dirigente socialista debería de poner pie en pared y mirar para otro lado.

Los tiempos están para gobiernos de concentración y para más cosas, por mucho que sea difícil asumirlo desde lo postulados políticos al uso. Un programa maximalista pondría a Andalucía en una posición de marginalidad extrema y supondría un riesgo añadido que España no está en condiciones de asumir. No es desde esa posición desde la que se atrae y se genera riqueza. Griñán lo sabe, Arenas también y Valderas debe de ir enterándose.

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