La ventana

Luis Carlos Peris

Drama navideño en el Pumarejo

GEMÍAN los perros antes de que diesen suelta a los aullidos de dolor. Dicen los que presenciaron la cosa que se erizaba el vello y se encogían los adentros viendo a dos perrillos llorar la muerte de su amo. Ocurrió en la víspera de la Nochebuena y el sitio donde el suceso fue el Pumarejo, ese lugar que intenta ganar la normalidad, pero que no termina de alcanzarla. No se trata de criminalizar el Pumarejo, pero las cosas no se hacen racionalmente para que deje de ser un foco de marginalidad. Tras la marginalidad está la desesperación, el desarraigo y la desesperanza de personas que se autoexpulsaron de la sociedad o que fueron desahuciadas sin comerlo ni beberlo. Dicen los que vieron la muerte del Jambo que la reacción de fidelidad y dolor de su pareja de perros, Loquito y Tana, resumía una tragedia que, en el Pumarejo, puede repetirse y que fue un drama navideño en toda regla.

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