La crónica económica

Manuel Hidalgo

Dudas

Adía de hoy tres grandes dudas planean sobre la economía española. Dos de ellas son de carácter económico, mientras que la otra es de carácter político, pero con evidente repercusión en la economía. La primera gran duda es sobre la gravedad de la crisis económica internacional. La segunda, el grado de implicación de nuestra economía en dicha crisis y por lo tanto los efectos de ésta dentro de nuestras fronteras. Y la tercera gran duda es cómo el nuevo Gobierno va a afrontar las próximas vicisitudes.

La crisis financiera internacional no parece que haya tocado fondo aún. Los analistas consideran bastante probable que los Estados Unidos afronte sus elecciones presidenciales en el marco de una recesión económica. Es más, se espera que para este trimestre este país cuente ya con un crecimiento negativo, que continuará al menos durante otro más. Las economías emergentes, garantes hasta este momento de un colchón de demanda que mantendría la actividad mundial en niveles no críticos, pueden sucumbir en el caso de que la crisis se prolongue.

La segunda duda ha sido convenientemente expuesta, descrita y comentada. Sufrir, sufriremos. La pregunta es hasta dónde. Como siempre todo dependerá de cuánto se contraiga el consumo, de la implicación exacta de la construcción en nuestro crecimiento pasado y presente y de la prolongación de tipos elevados en un marco europeo de elevada inflación.

La tercera duda es, quizás, la más factible de eliminar en estos momentos. A pesar de que la campaña electoral ha girado en gran parte alrededor de la economía, poco se ha dicho que de la impresión de haberse meditado y planeado convenientemente. Para más inri, el candidato a ministro de Economía, Pedro Solbes, parece que continuará contra todos los pronósticos, ya que el "mercado político" lo había descartado sólo unos pocos meses antes de las elecciones. A pesar de todo ello, la confirmación de Solbes como Ministro de Economía no convence muchos, que consideran esta designación una medida electoralista y con el claro objeto de ganar tiempo.

Por lo tanto, no hay aún una política económica definida y el que será ministro parece que con bastante probabilidad no acabará la legislatura. Nombres como el del secretario de Estado de Economía, David Vegara, o el propio inmolado por Madrid, Miguel Sebastián, cogen posiciones para agarrar un sillón ministerial muy codiciado. Esto genera dudas e impresión de provisionalidad que en ningún caso es positivo para la economía española.

En definitiva, de las tres grandes dudas actuales, es obligación de nuestro nuevo gobierno hacerse cargo de diluir la que esté en su mano. Lo primero que debe hacer el ministro de Economía es contarnos, con un plan claro, conciso y a largo plazo, cómo piensa arremeter contra el fantasma de la recesión. Y por supuesto, que este plan esté por encima de quien ocupe el cargo en los próximos cuatro años.

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