la ciudad y los días

Carlos Colón

Duelo en el barro

LA política española se enfangó en el trágico entorno del 11-M y desde entonces ha sido incapaz de regenerarse. Se venía de un lamentable segundo mandato de Aznar y de una campaña electoral especialmente sucia. Se produjo la mayor tragedia que haya sufrido este país desde la Guerra Civil. Y la reacción de los dos partidos mayoritarios fue intentar explotarla electoralmente, en vez de unirse frente a este ataque sin precedentes. La responsabilidad política exigía la comparecencia inmediata de todos los líderes políticos: Aznar como presidente, Zapatero y Rajoy como candidatos de los dos partidos mayoritarios; y junto a ellos los representantes de las restantes formaciones políticas nacionales o autonómicas. En vez de esta imagen de unión lo que vivimos fue una vergonzosa serie de manipulaciones de la tragedia, de ocultamientos y desinformaciones por parte del Gobierno, de espontáneos acosos de las sedes del PP en plena jornada de reflexión por parte de la izquierda.

Desde entonces hasta hoy, y ya han pasado ocho años, la política española es un duelo en el barro en el que los gobernantes manipulan y ocultan, agravando lo ya de por sí grave; y quienes ejercen la oposición practican el suicida muera Sansón y con él los filisteos. El último ejemplo -supongo que penúltimo ya, porque cada día nos trae una perla- lo ha protagonizado Rubalcaba al aprovechar el inicio del juicio del Prestige -10 años después de la catástrofe: lo de la justicia española es de chirigota- en la campaña electoral gallega. Tardía herencia de la utilización electoralista y partidista de las tragedias y las catástrofes iniciada aquel terrible 11-M. Recordando la metedura de pata de Rajoy cuando era ministro de Aznar -aquello de los "hilillos de plastilina"- Rubalcaba ha afirmado: "Entonces, tras los hilillos, ocultaba toneladas de chapapote y, ahora, tras su programa, oculta toneladas de sufrimiento".

No le pintan bien a corto y medio plazo las cosas al PSOE en Galicia y en el País Vasco. Lo tiene negro en Cataluña con un PSC que se mueve sin avanzar, como Chiquito de la Calzada, sin saber hacia dónde tirar en el maremágnum desatado por Mas, mientras Ernest Maragall rompe con el partido para crear uno independentista. Tampoco le pintan bien a largo plazo las encuestas nacionales: cae el PP, pero cae aún más el PSOE. Y Rubalcaba cae aún más que su partido: según una reciente encuesta de Metroscopia, el 74% de los votantes socialistas desaprueban su gestión como líder de la oposición y el 89% tiene poca o ninguna confianza en él. Se comprende su desesperación. Lo que no disculpa los golpes bajos.

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