Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Dura Lex

LOS Simpson batirán todas las marcas de permanencia en la televisión (van a rebasar los dos decenios, tela) porque Bart, Lisa, Milhouse o Nelson nunca crecerán ni cambiarán de aspecto. Nos gustan como han sido siempre. La servidumbre de las series con niños es el paso del tiempo, el devenir de la naturaleza, que hace crecer pelos, cambiar voces y estropear la naturalidad de los años más ingenuos, hasta agotar el filón. Los Serrano empezaron a acabarse cuando los niñatos abandonaron la serie y los niños dieron el estirón. Pese a todo también aguantaron la vela de un lustro. Y con mala uva Telecinco ha reservado la agonía serránica para ponerla ante la nueva serie de abogados de los de enfrente, Lex, producida por la misma factoría, la de más garantía en ficción, Globomedia, para Antena 3.

Lex es nueva, pero tan vieja que parece que ya la hemos visto. El bufete de Santi Millán, Javier Cámara y Nathalie Poza está constituido a retazos entre Boston Legal, Shark, Ally McBeal y hasta tiene su pedete lúcido de la castiza Turno de oficio. Nada diferente, ningún vértigo, pero sin perder la correcta factura de los operarios de Daniel Écija. Lex se deja ver, pero no termina de sentenciar. Antena 3, es de justicia decirlo, tuvo el detalle al menos de no dañarla con muchos anuncios. Esta Lex se hace para lucimiento de Cámara, que a su estampa de pobre diablo, tan proclive a la comedia, le han pulido la vertiente psicológica hasta convertirlo en un silueteado satán de los chanchullos. Santi Millán, recortado por el patrón Burda de los sinvergüenzas que caen bien (el papel que suele interpretar), es el complemento protagonista ante una oficina presta a liarse todos contra todos, entre vodevil elegante, drama pret a porter y sátira deshilachada.

Es una correcta producción que al espectador de hoy se le queda previsible. Debe tener enmienda. Dura Lex, sed Tele.

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