HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

ETA cumple 50 años

El cumpleaños de su plena inmadurez ha querido celebrarlo con coches bomba, su forma particular de entender los fuegos de artificio. No había nada que celebrar, sino que lamentar, pero ya es bien conocido que las mentes de los etarras son distintas de las de los demás y las ideas les llegaron por vía de encantamiento. No estaremos vivos para cuando se conmemore su centenario. Ellos tampoco, sino nuevas generaciones de pueblo oprimido vasco. Tampoco vivirán los que vayan dejando por el camino las bombas y los tiros del nacionalismo liberador, ni los que caigan como mártires del delirio y del desatino para regar la sagrada tierra de la patria vasca con su sangre, como en los antiquísimos sacrificios humanos. La esperanza de que ETA deje alguna vez las armas es hoy nula, porque de la banda terrorista se debía hablar siempre en plural: Etas y nacionalismos vascos.

Si un grupo de patriotas vascos dejaran las armas, una escisión de ese mismo grupo las tomaría, incluso contra el grupo que ha decidido dejarlas. Si otro grupo nacionalista decidiera vivir pacíficamente en España y en Francia, que es lo que han hecho siempre los vascos, aparecería otro nacionalismo diferente para oponerse al anterior y a todos los existentes. Los nacionalismos creados de la nada, y el vasco de manera muy clara, tienen propiedades de ameba: se reproducen por división. Tenemos la idea errada de que la violencia viene de los fuertes, y esto puede ser verdad a medias en las relaciones de persona a persona. En las sociedades actuales la violencia viene de los pobres, de los débiles, de los divididos, de los que no tienen razón, de los que hacen de las guerras y de las patrias una forma de cohesión de las masas ignorantes sin historia ni identidad. Ocurre en todo el mundo y es un mal moderno.

Más raro es que aparezcan patriotas violentos del tipo etarra dentro de una nación antigua, pero en España se ha dado tal contradicción y no queda sino combatirlos y resistir. Todo lo que de fiar hemos leído, que no es poco, sobre el nacionalismo belicista vasco concluye sin demasiadas esperanzas de solución, porque no existen soluciones para lo inexistente, y la nación vasca es un fantasma creado por la imaginación romántica. A Churchill le preguntaron si creía en fantasmas y él contestó que sí, pero que nunca había visto ninguno porque los auténticos fantasmas no se ven. ETA quiere que todos veamos el fantasma de la nación vasca a la fuerza, aunque sea con la ceguera de la fe o mintiendo por temor a las amenazas. No la vemos. Es un fantasma verdadero. Por esto la salida dialogada y pacífica de la violencia de ETA es imposible: la discusión tendría que partir de la aceptación de la existencia del fantasma de la nación vasca, que es como discutir sobre el sexo de los ángeles sin creer en los ángeles.

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