LA TRIBUNA ECONÓMICA

Rogelio Velasco

Economía política de la crisis al otro lado del Atlántico

HABITUALMENTE creemos que las barbaridades políticas ocurren sólo en los países menos desarrollados. Es frecuente, sin embargo, que en los países occidentales la competencia por ganar las elecciones de lugar a comportamientos, tanto del partido que gobierna como de la oposición, disparatados desde el punto de vista económico, aunque con una lógica política. Los demócratas de Obama se encuentran en minoría en el Congreso, permitiendo que los republicanos puedan oponerse a las medidas de política económica que el gobierno del presidente desee implementar.

La batalla, que dura ya seis meses, tuvo un nuevo episodio el viernes pasado. Los republicanos aprobaron la extensión por dos meses de las rebajas fiscales a las familias. Estas rebajas fueron, paradójicamente, aprobadas por el anterior gobierno republicano de George Bush. La reducción de impuestos representa, como media, unos 1.000 dólares anuales para cada familia. Una medida típica del conservadurismo norteamericano que se plasma en la reducción de impuestos con un doble objetivo. Por un lado, estimula el crecimiento económico y, por otro, reduce el tamaño del Estado. En la actual situación, Obama y su equipo económico considera que la continuidad de las rebajas fiscales juega un importante papel para estimular la economía y desea mantenerlas.

La oposición republicana, sin embargo, considera más importante hacer daño a la actual administración demócrata de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, que acordar con el gobierno la continuidad de las rebajas durante todo el año 2012. La han aprobado sólo por dos meses, de manera que tendrán que seguir negociando si no quieren que desaparezcan a finales de febrero.

La situación de minoría del Partido Demócrata le ha obligado prácticamente a renunciar a otras medidas que serían más acordes con la visión que tiene de la economía y de la sociedad. Primero, ha descartado definitivamente la aprobación de un paquete de gasto público que permitiera tanto el impulso de la actividad como la renovación de las infraestructuras. Éstas se encuentran en un lamentable estado, impropio de aquel país. La red federal de autopistas, las vías de circunvalación de grandes ciudades, las redes de metro y ferrocarriles o las infraestructuras urbanas de grandes ciudades se encuentran casi en un estado de emergencia. El puente de Brooklyn en Nueva York se está cayendo oxidado. Ocurren descarrilamientos del metro cada semana. El ruido de las taladradoras arreglando las redes de saneamiento o de agua, forman parte cotidiana de muchas ciudades. Ha renunciado, además, a otra promesa: la subida de impuestos a las rentas más altas. Hace unas semanas, una de las personas más ricas del mundo, Warren Buffet, declaró que el año pasado había ganado 60 millones de dólares, por los que pagó el 15% de impuestos. Afirmó públicamente que le gustaría pagar más impuestos que su secretaria. Sembrado de buenas intenciones, con los hombros de un gigante político, Obama está siendo víctima del cainismo que algunos políticos republicanos están practicando con los ciudadanos. Esto sucede en una de las democracias más antiguas; en el país más poderoso del mundo.

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