Tribuna Económica

Rogelio Velasco

Economistas apoyando a Unidos Podemos

Rogelio Velasco reflexiona sobre la carta que unos 200 economistas han firmad pidiendo al nuevo Gobierno que acabe con las políticas de austeridad, para impulsar la actividad económica y acelerar la salida de la crisis.

Esta semana ha aparecido en los medios una carta firmada por unos doscientos economistas, en la que se pide al nuevo Gobierno que se forme en España poner fin a las políticas de austeridad, para impulsar la actividad económica y acelerar la salida de la crisis.

El mensaje principal de la carta ha moderado la posición mantenida en las anteriores elecciones, que abogaba por una vía unilateral que rompiese el pacto de estabilidad y los compromisos adquiridos con Bruselas.

Si se formara un gobierno que adoptara una vía radical, las consecuencias iban a ser inmediatas y graves. El mercado de capitales reaccionaria rápidamente elevando los tipos de interés de la deuda española, tanto del gobierno como de las empresas. Además, Bruselas podría activar la multa al Gobierno por no cumplir los objetivos de déficit; multa que en estos momentos está en suspenso a la espera del resultado de las elecciones.

Como hemos comentado en varias ocasiones, ningún país europeo -con la excepción de Alemania y, aun así, con limitaciones- puede adoptar una política fiscal que se separe de manera significativa de las grandes líneas que hay marcadas. Habría que negociar no sólo con Bruselas, sino también con Berlín, para que se produjera un cambio significativo y que fuera de manera coordinada por todos los países. Hacerlo solos, sería suicida.

El gran problema es que Alemania no quiere cambiar. Se encuentra muy bien con superávit público y una deuda a largo plazo a tipos negativos. Esta posición sí es criticable, pero España no puede cambiarla sola.

En todo caso, un aumento del gasto público como propone Unidos Podemos no es ninguna varita mágica. Incrementar el gasto público y, a través del multiplicador, generar una expansión múltiple de la renta, tiene limitaciones. En un año y medio los efectos desaparecen y si no hay una mejora en la economía por el lado de la oferta, no resulta sostenible.

Mejorar el lado de la oferta significa que las empresas sean más competitivas y generen más empleo. El gasto en I+D tarda tiempo en cambiar la estructura productiva. Además, habría que distinguir entre I+D dedicado a escavar las ruinas de Bolonia (que hay que hacer) del dedicado a laboratorios de ingeniería. El primero no tiene ningún impacto sobre la estructura productiva, frente al segundo que si lo tiene.

Además, un mercado de trabajo que no presente la suficiente flexibilidad no podría absorber las posibilidades potenciales ofrecidas por una mejora de la oferta productiva. Se tarda, por lo demás, años, en algunos casos. Reformar la educación para hacer más competitiva a la mano de obra, tiene efectos solo en el largo plazo.

Todos esos factores condicionan en gran medida la efectividad de las políticas expansivas que se quieran poner en práctica. Y, como sabemos, no se trata solo de dinero. Se puede hacer una reforma educativa en profundidad sin que sean necesarios grandes recursos públicos adicionales.

No se trata de criticar a algunos partidos políticos por razones ideológicas. Hay temas en los que tienen razón y comparto. Pero si actuasen unilateralmente sin contar con Bruselas las consecuencias económicas serían catastróficas.

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