la ciudad y los días

Carlos Colón

Educación: la mejor subvención

DICE un actor protestando contra los recortes: "La cultura no es lujo, es un bien de acceso público. Cortar en cultura produce ciudadanos poco pensantes. Para ser un ciudadano libre tienes derecho al pan y también a leer un buen libro, a ver una buena peli, a ir al teatro". En mi opinión se equivoca porque para resolver adecuadamente esta cuestión el problema debe plantearse al revés. Para que la cultura no sea un lujo, sino un bien de acceso público, lo necesario es la educación, no las subvenciones. Para ser un ciudadano libre lo imprescindible no es leer un buen libro, ver una buena peli o ir al teatro, sino recibir una educación que fomente el espíritu crítico, el gusto exigente y la capacidad de elección. Optar por la lectura, el cine o el teatro es una consecuencia de esta libertad que sólo otorga la educación, no su causa.

Plantear mal los problemas hace imposible solucionarlos. El de la supervivencia de las industrias culturales españolas en el agresivo entorno del consumo global y de las tecnologías que fomentan el pirateo no se soluciona con subvenciones. El problema de la dificultad que las propuestas de mayor entidad creativa o reflexiva encuentran en el mercado, a causa del descenso del nivel educativo medio y del auge de la cultura del espectáculo, no se soluciona con subvenciones. El arrinconamiento, hasta en los planes de estudio universitarios, de las humanidades y la reducción de la formación a las demandas del mercado, no se soluciona con subvenciones.

Los problemas que afectan a la cultura en sus niveles más crudamente comerciales o más creativamente exigentes sólo pueden hallar solución a través de la acción educativa. El apoyo estatal fue una medida transitoria que permitía favorecer la igualdad de oportunidades en el consumo de cultura (en el sentido fuerte de la palabra), proteger la especificidad de las industrias culturales nacionales frente al seductor gigante estadounidense y apoyar las propuestas creativas condenadas a lo minoritario a causa de la presión del mercado y las carencias educativas del público.

Estas medidas transitorias acabaron por convertirse en derechos permanentes que fomentaron la pereza de los creadores y su dependencia del poder político. A la vez que la catástrofe educativa y el arrinconamiento de las humanidades (léase El cultivo de la humanidad: una defensa clásica de la reforma en la educación liberal, de Martha Nussbaum) ha creado un público mayoritario alérgico a la complejidad. Víctor Hugo escribió: educad la cabeza del hombre del pueblo y no tendréis que cortarla. También podría decirse: educadla y no tendréis que subvencionar.

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