La tribuna económica

Joaquín / Aurioles

Efecto placebo

SI una situación se define como real, tiene efectos reales. Se conoce como teorema de Thomas y viene a significar que si, por ejemplo, se extiende el rumor de que la bolsa se va a hundir terminará hundiéndose sin remisión. Por eso se repiten tanto las llamadas a la prudencia en la valoración de la situación de la economía y, sobre todo, de la crisis financiera. Si se insiste, y seguimos con los ejemplos, en que habrá fusiones de bancos y cajas, será imposible evitarlo, incluso en ausencia de razones objetivas para ello. Lo mejor sería filtrar los mensajes en función de su procedencia, puesto que casi no existen las opiniones desinteresadas y podemos imaginar las consecuencias de hacer coincidir el rumor sobre las fusiones con la noticia de una entidad supuestamente amenazada, aún cuando no exista otro elemento de debilidad que el de encontrarse en el punto de mira de algún manipulador desaprensivo de miedos y medios.

Recordemos la reacción inmediata a la grotesca acusación al candidato demócrata a la presidencia estadounidense de devaneos con el terrorismo por parte de la candidata republicana a la vicepresidencia. Y es que hay que hilar muy fino cuando se hacen equilibrios en la frontera de la ética, como reconocía G. Soros, el reputado multimillonario y manipulador informativo, cuando admitía que "sus palabras pueden mover a los mercados", añadiendo, se supone que con ironía, que "hacía grandes esfuerzos para no abusar de ese poder".

En última instancia, todo indica que andamos necesitados de referencias en las que depositar nuestra confianza. A políticos y líderes de opinión, no hipotecados, corresponde la responsabilidad, aunque para ello ni siquiera baste con resultar creíble a un segmento más o menos amplio de la ciudadanía. Si desde un lado se dice que habrá recesión y más paro, de nada servirá que desde otro se diga lo contrario. Al final, más confusión y más paro porque se habrá generado un clima hostil a la contratación. Hay que celebrar, por tanto, la casi completa unanimidad del Congreso de los Diputados en torno a las medidas gubernamentales de apoyo al sistema financiero, aunque sólo sea por la sensación de que comienza a entenderse que los juicios intencionados por parte de ciertas personalidades se traducen en prejuicios generalizados que terminan por perjudicarnos a todos. Incluso debe ser bueno que los gobiernos tomen decisiones, aunque sean tan insustanciales como las del pasado mes de agosto, pero de las que cabe esperar algún efecto placebo, es decir la reacción favorable del paciente a pesar de la inocuidad del tratamiento. Como diría la psicología, de lo que se trata es de provocar la reacción del cerebro, que en nuestro caso es tanto como pedir que la gente vuelva a viajar, a acudir a los restaurantes, a abordar las reformas pendientes en sus hogares..., especialmente en el caso de los trabajadores con empleos estables que, por razones psicológicas o porque entienden que la crisis es de todos, también se comportan como si sus ingresos se hubiesen reducido. En definitiva, que para superar la crisis quizás lo más conveniente sea que comencemos a hablar de ello.

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