La tribuna económica

Gumersindo / Ruiz

Elecciones europeas y política internacional

EN estas elecciones ponemos excesivo énfasis en asuntos nacionales y locales y muy poco en lo que debe ser la construcción de Europa y las políticas para mejorar la economía. Un aspecto crucial es la coordinación desde el Parlamento europeo, y la nueva estrategia que hay que plantear ante los cambios que está provocando la crisis en las relaciones de poder entre los países.

Es particularmente significativo el caso de China, cuya importancia se menciona continuamente, pero sin que la UE llegue a establecer con ese país el vínculo práctico que los problemas actuales exigen. La semana pasada se celebró en Praga una cumbre entre la UE y China, pospuesta desde diciembre pasado por el hecho de haber recibido el Presidente francés al Dalai Lama, en un momento delicado para el tema del Tibet. La UE es, después de Estados Unidos, la zona comercialmente más importante para China, aunque con un déficit para Europa de 169 mil millones de euros. Sin embargo, la fortísima caída de las exportaciones chinas hace que la producción se vuelque hacia el mercado interior, de manera que en el futuro habrá sin duda un reequilibrio en las relaciones comerciales. Es la única economía importante que tiene previsto crecer este año, con una tasa positiva del 6,5%, aunque su producción industrial se mantiene acumulando stocks y con créditos baratos.

China ha lanzado el fondo de estímulo económico mayor del mundo, con 600.000 millones de dólares, al tiempo que anuncia lo que podríamos llamar el desarrollo del estado de bienestar. La reforma del sistema de salud, pensiones y derechos sociales, junto con más atención a la agricultura y las áreas rurales, supondrá en los próximos diez años otra transformación del país, con importantes implicaciones económicas; también la vivienda y el urbanismo están dentro de estas políticas, de las que hay gran experiencia en Europa. La UE no puede seguir considerando a China como un país en desarrollo al que hay que instruir en la democracia y el respeto al medioambiente, sino como una gran potencia cuyas decisiones son centrales para todo lo que hoy es significativo. Con una reserva de divisas de más de dos millones de millones de dólares, un ahorro interno que supera a los préstamos, y el principal tenedor de la deuda norteamericana, es el gran acreedor en un mundo endeudado.

China tiene sus propios fantasmas (este año es el veinte aniversario de las manifestaciones y muertes en la plaza de Tiananmen), y tendrá que enfrentarse a sus contradicciones, asumir responsabilidades y encontrar su sitio en el mundo. Nuestros partidos políticos deberían hablar en las campañas de las propuestas que tienen para que la política internacional europea sea útil para nosotros; no más cumbres, sino relaciones permanentes donde se avance en políticas de interés mutuo ante la crisis, acceso al mercado chino, y posiciones comunes ante temas sensibles como el medio ambiente o situaciones conflictivas de países. Cada país europeo tiene sus problemas, pero Europa necesita propuestas y compromisos políticos de los partidos que van a las elecciones europeas, y una política común en un mundo donde cada vez somos más dependientes.

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