Desde el fénix

José Ramón Del Río

Emancipados

LA emancipación es una vieja figura jurídica, con origen en el Derecho romano. Emanciparse significa liberarse de la sujeción en que se estaba de una autoridad o potestad, y en aquel derecho eran los esclavos, a los que se le concedía la libertad, los que se emancipaban. Luego, en los Códigos Civiles modernos, la emancipación supone dejar de estar sometido a la potestad de los padres y tiene lugar cuando el menor alcanza la mayoría de edad; cuando se casa o cuando los padres o el juez se la otorgan por acto expreso o, tácitamente, cuando, siendo mayor de 16 años, viva con independencia de los padres, con el consentimiento de éstos.

La que se ha puesto de moda recientemente es precisamente esta última, como consecuencia de medidas gubernamentales de fomento al alquiler. Primero fue la Junta de Andalucía en 2006 la que estableció una subvención para facilitar el pago de la renta del contrato de alquiler de los menores de 35 años, durante dos años, por el 40% de aquélla y si no exceden la renta del arrendamiento y los ingresos del perceptor de determinada cuantía. Por su parte, el Gobierno central, en 2007, establece lo que denomina "renta de emancipación" y que consiste, como la medida andaluza, en otorgar una subvención de los alquileres que concierten jóvenes de 22 a 30 años, con ingresos anuales inferiores a 22.000 euros, durante cuatro años.

Me llama la atención que se le llame "renta de emancipación" a la que otorga el Gobierno central, cuando sus beneficiarios tienen que tener, al menos, 22 años y, por tanto, llegados a la mayoría de edad hace cuatro años, están más que emancipados. Sin embargo, sí que lo puede ser la de la Junta de Andalucía, porque ésta pone el tope máximo de edad, pero no el mínimo, por lo que el mayor de 16 años puede solicitarla. La cuestión, como semántica que es, no tiene más importancia que la de las palabras y ello no disminuye la virtud de unas medidas que son beneficiosas para los jóvenes. Se le llame como se le llame, mi reflexión es que las autoridades quieren favorecer, además del régimen de alquileres, a los padres y madres de familia, que veían cómo sus hijos cumplían año tras año y continuaban en el hogar familiar, por la dificultad de encontrar una vivienda y por la facilidad de mantener relaciones sentimentales de pareja, sin el "casorio". Desde mi punto de vista es muy de agradecer que los hijos vayan fundando sus propios hogares, aunque no sea más que -por el momento- como dormitorios. Se trata, en definitiva, de una medida moderna, criticada injustamente, por poco progresista y que, a los que somos padres de muchos hijos, nos puede dar lugar a que empecemos a sentir el llamado síndrome del "nido vacío". Bienvenida sea.

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