La ventana

Luis Carlos Peris

Emocionado adiós al dueño de 'Flautino'

VIENEN estos días los periódicos sevillanos preñados de obituarios por un hombre ejemplar. Es más, si en este país aún llamado España hubiese habido un centenar de hombres como Gabriel Rojas, esta crujía que estamos sufriendo no habría existido ni siquiera en la peor de nuestras pesadillas. Hombre hecho a sí mismo, con esos profundos valores que tanto hoy se echan de menos, fue uno de esos ejemplos en los que aquello de que el que mucho abarca poco aprieta no iba con él. Constructor de empuje se hizo ganadero de bravo cuando las bases de su prosperidad estaban cimentadas y ahí tuvo la satisfacción de contribuir de forma trascendente a una de las resurrecciones que Curro Romero vivió en su inigualable carrera de torero. Hombre de natural humilde sí tuvo a gala presumir de que en su dehesa El Castillo naciese Flautino, el colaborador imprescindible para aquella resurrección.

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